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Un radar en pleno año electoral

DEZA

EL CRISOL | O |

15 jun 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

SUELE SER habitual que los políticos reserven los meses que preceden a los comicios en que pasan por el examen de las urnas para realizar los anuncios más efectistas; las medidas de mayor impacto, que en muchas ocasiones pueden llevar aparejado un descenso en los impuestos o tasas; o las inauguraciones de las obras más emblemáticas, para dar la sensación del arduo trabajo realizado en los cuatro años. Por eso no deja de sorprenderme la implantación de un radar en las calles del casco urbano de A Estrada, a once meses de que los vecinos acudan a ejercer su derecho al voto. Sin duda, es una praxis política con pocos precedentes, que muestra valentía política y marcada responsabilidad por parte de quien la pone en marcha. Porque lo habitual es irse a lo fácil : dedicar las semanas previas a la campaña de las municipales para inaugurar lo prometido en mayo del 2003. En el caso de A Estrada, por poner algún ejemplo: organizar un acto para la inauguración de la ampliación de los jardines municipales; abrir la cañería a una nueva traída de aguas desde el río Umia hasta el casco urbano; o ir cortando cintas en nuevas calles abiertas tras la aprobación de un PXOM en marcha desde hace más de una década. Eso sería lo habitual. Lo difícil es lo otro: camuflar un radar en calles de acceso al casco urbano, en zonas donde no se hayan instalado previamente rotondas que impidan ganar velocidad, y multar a los vecinos que más tarde han de elegir a sus representantes en la corporación. Tramitar las multas en Tráfico, y anunciar la compra de un radar municipal. Y, pese a seguir la difícil senda, en la calle se oyen críticas: qué difícil es el arte de la política responsable. Aunque algunos de quienes critican se preguntan, maliciosos ellos, si en A Estrada era posible seguir el ritual de las inauguraciones.