EL CRISOL | O |
19 abr 2006 . Actualizado a las 07:00 h.EN LA villa estradense estamos disfrutando desde hace un par de años de una merecida bonificación especial cuando nos pasan los recibos de la antigua contribución. No tenemos ahora a un solo vecino que se queje por las cantidades que nos quitan desde Hacienda por el IBI, ni siquiera esa señora que regresó de Argentina, hace pocos años, y descubrió aquí un impuesto que allí no conocía. Fue de las personas que más bailaba cuando un buen grupo de estradenses pidió la referida bonificación. Un amigo del primo de uno de los poseedores del listado de contribuyentes estradenses por la contribución urbana me descubría ayer detalles precisos de un recibo concreto, relativo a uno de los pisos más grandes y céntricos de la villa. Su propietario, como los dueños de otras quince viviendas similares del mismo inmueble, no lo vendería ahora ni por 25 millones de las antiguas pesetas. El recibo fijaba el importe a pagar en 135 euros, pero eso sí gracias a la bonificación. Sin esta última quizá hubiera tenido que pagar 195. Sólo por eso, A Estrada es un ejemplo a seguir cuando se trata de fijar impuestos justos, independientemente de lo que diga la ley de Hacienda. Total, a esta última no hay quien la defienda, y si existe puede tarde ocho años en aparecer. A Estrada es ejemplo, y los diputados en el Congreso, de Madrid ya lo saben. Hace días, un parlamentario citó allí a A Estrada como modelo de villa con valores catastrales desmedidos e irreales. Le faltó explicar cómo nos hemos buscado la vida para pagar menos que nadie en todo el país. Esos 16 propietarios citados anteriormente están profundamente agradecidos a la emigrante retornada de Argentina, y al medio centenar de vecinos que sí -esta vez en serio- tenían propiedades sobrevaloradas y se movilizaron en su día.