EL CRISOL | O |
28 dic 2005 . Actualizado a las 06:00 h.LAS POSTALES navideñas tienden a presentarnos un blanco manto de nieve cubriendo idílicos paisajes. Una visión que resulta entrañable sobre el papel, pero que cambia drásticamente cuando la nieve deja de ser un decorado para dejarse sentir con su frío. Y cambia sobre todo, si además es necesario coger el coche para desplazarse por carretera. Las temperaturas que venimos padeciendo en las últimas semanas no invitan a demasiadas alegrías circulatorias, porque aunque las nevadas apenas nos afectaron a la comarca más que un fin de semana en este invierno, las heladas están siendo una constante. Con el termómetro por debajo de cero en muchas madrugadas, resulta tranquilizador ver a los camiones quitanieves en las carreteras nacionales de la comarca, sin utilizar la cuchilla delantera pero sembrando de sal las calzadas, para evitar la formación de las peligrosas placas de hielo. En la mañana de ayer, causaba impresión ver carreteras como la N-525 llenas de reflejos de hielo en sus laterales, y en las zonas más sombrías también en algunos puntos de la calzada. Al final, la vista ya no sabía distinguir los reflejos blancos del peligroso hielo de los reflejos blancos de la tranquilizadora sal que se vislumbraba en algunas rotondas. La precaución se vuelve aliada imprescindible en estas circunstancias, por más que algunos -aunque cada vez más constituyan una excepción- se empeñen en rodar como si la carretera estuviese en perfectas condiciones. Aunque las predicciones meteorológicas apuntan un incremento de las temperaturas, bueno será extremar las precauciones en el tráfico. Y es que si la lluvia constituye ya un elemento que complica la circulación, el hielo multiplica los problemas: porque no se ve. El conductor, en los coches más modernos, tiene un aliado en el termómetro de temperatura exterior, que avisa cuando el frío puede suponer la aparición de placas de hielo. En cualquier caso, lo mejor es seguir los consejos de Tráfico y extremar las precauciones. Sobre todo en unas épocas en que las condiciones meteorológicas adversas no deberían cogernos por sorpresa, por más que algunas veces parezca que nos empeñamos en todo lo contrario. Y salgamos a la carretera en diciembre y en enero con la misma alegría que en junio: aunque luego, por desgracia, nos quedemos tan helados como las carreteras.