AL TRASLUZ | O |
13 dic 2005 . Actualizado a las 06:00 h.LAS TRUCHAS, definitivamente, tienen que optar por irse a vivir fuera de algunos ríos de las comarcas. Las aguas que eligieron como residencia se convierten en un veneno mortal para ellas. En los últimos años, los técnicos de Medio Ambiente y del Seprona ya tuvieron que actuar en varias ocasiones tras encontrar a estos peces muertos en grandes cantidades. En el río Asneiro en las proximidades del polígono de Botos ya hubo denuncias vecinales y de los colectivos de pescadores al encontrarlas en más de una vez flotando. Hace poco más de un año, fue en el río Toxa. Más de un centenar murieron en agosto tras los vertidos procedentes de la red de saneamiento de Bandeira y de una empresa cárnica. En este caso el expediente sancionador ya se resolvió y hubo multas para ambos. El último episodio es lo sucedido el pasado viernes en el Ulla. Los vecinos de la parroquia cruceña de Obra ya se encontraron con los peces muertos en las aguas del río a su paso por la parroquia. Demasiada mortandaz de la fauna piscícola en tan poco tiempo. A este paso los pescadores ya podrán dejar la caña en casa. Si ahora deben de poseer más que paciencia para lograr que algún pez pique en el cebo, esto puede convertirse en tarea imposible si siguen disminuyendo a este paso. Las repoblaciones en muchos tramos de los ríos, así como los cotos durante una temporada en algunos tramos para lograr que se recupere la fauna piscícola, caen en saco roto tras los vertidos o al producirse crecidas repentinas como la del viernes. Y toca volver a empezar desde el principio para que las truchas del río puedan llegar al menos a algún plato. Y lo mismo pasa con el salmón. En A Estrada ya estarán pensando en las consecuencias que tuvo la caída de tierra a las aguas ullanas. Lo mismo que en la ría de Arousa. Al final, no es un problema en Lalín, en Silleda o en Cruces. Es de todos.