EL CRISOL | O |
09 dic 2005 . Actualizado a las 06:00 h.TENGO UN amigo paranoico que está convencido de que no anda lejos el día en el que se hagan realidad todas aquellas pesadillas que sufrían los protagonistas de 1984 y de Farenheit 481 . Cree que está cerca la hora en la que el Gran Hermano extenderá sus tentáculos y vigilará no sólo a los sufridos voluntarios de Telecinco, sino a todo aquel que tenga la desgracia de nacer en un planeta en el que las nuevas tecnologías se valoran casi más que los sentimientos sinceros. Mi amigo está seguro de que ese día llegará pronto y de que las nuevas tecnologías se volverán en nuestra contra. Entonces la gran Red sin la que ya no podemos vivir se cerrará sobre sí misma y nos dejará atrapados dentro. Ese día querremos escapar, pero ya será demasiado tarde y no habrá salida de emergencia. Puede que mi colega haya leído demasiado o haya abusado del cine futurista, pero cree que las grandes multinacionales que mueven los hilos y que nos obligan a cambiar de móvil dos veces al año y a beber Coca-Cola -cuando todo el mundo sabe que no hay nada mejor que el agua para calmar la sed- saben de qué pie cojeamos sólo con revisar nuestras últimas consultas cibernéticas. En cuanto lo deseen, se presentarán en nuestra casa con una orden de detención o un premio al consumista del mes. Puede que tanto no muevan, pero en asuntos económicos, nunca dejan cabos sueltos. Hacienda es peor que el Gran Hermano y el fraude fiscal, para los contribuyentes de a pie, una operación de mucho riesgo. Da igual que la oficina esté en A Estrada o en Madrid. Los impuestos se pagan cada vez más y Hacienda todo lo vigila. El cerco se estrecha y pocos apuestan por el riesgo. La gran mayoría prefiere pagar religiosamente. Sería un detalle que el camino al calvario no se les hiciese aún más largo.