Análisis
12 oct 2005 . Actualizado a las 07:00 h.? finales de los 90 Iberia realizó ajustes severos en la programación y centralizó buena parte de su tráfico aéreo en Madrid y Barcelona, eliminando la mayoría de los enlaces directos entre aeropuertos españoles de segunda categoría (como los gallegos) y algunas de las conexiones internacionales. El repliegue suscitó fuertes polémicas y provocó la creación de una comisión ciudadana que, encabezada por el Concello, reunía a los diferentes colectivos de representación social de la ciudad. El panorama al que se enfrentaba aquel grupo de trabajo era desolador: la compañía de bandera en franca retirada, Spanair y Air Europa en plena crisis, A Coruña y Vigo peleando por parte del pastel de Lavacolla y Oporto pisando fuerte. Entonces se expuso la necesidad de establecer destinos internacionales directos, sobre todo para viajeros de negocios y para emigrantes. Y se pidieron cuatro destinos: Fráncfort, Bruselas, Buenos Aires y Sao Paulo. A día de hoy no hay noticias de estos enlaces, lo que demuestra que o bien el análisis realizado por aquella comisión era absolutamente erróneo o que las necesidades reales del aeropuerto central de Galicia están a años luz de lo que le ofrece el mercado. Ahora ninguna compañía está dispuesta a perder un euro por una decisión más política que comercial, e incluso Iberia se está despojando poco a poco de la responsabilidad social de articular el mercado aéreo español, por lo que ya sólo le preocupan las quejas de sus accionistas. En Vigo, por ejemplo, sí tienen vuelo a París. Cuatro frecuencias diarias de Air France, nada menos. Ahora bien, los precios son de escándalo (entre 600 y 1.200 euros). Mientras paguen y llenen los aviones, allí seguirán.