CON ACENTO
16 jul 2005 . Actualizado a las 07:00 h.NOS PASAMOS de largo. En casi todo. Vivimos tiempos desmesurados. En la mesa, también. Se nos nota demasiado que nuestra sociedad pasó épocas, no hace tanto, donde la escasez era lo más abundante. Nuestros abuelos lo saben y nos lo cuentan. Y quizás, como un reflejo inconsciente, tendemos a adornar las mesas con fuentes imposibles: comemos con los ojos, y dejamos en el plato más de lo que podemos engullir. Tenemos, en muchos sentidos, hábitos de nuevo rico, y apreciar todo lo que sobra en un festín es más motivo de orgullo que de reflexión. Y no hay en esto ni un ápice de elogio para esa cocina de diseño que lo que único que sacia es la caja registradora de quien diseñó el plato. No es eso. En todo caso elogio la mesura, que tenemos casi tan perdida como el término: que ni siquiera tiene abreviatura para los SMS.