EL CRISOL | O |
06 abr 2005 . Actualizado a las 07:00 h.EN EL espacio televisivo Gran Hermano sonoba periódicamente esa canción que pide «que la detengan...», porque miente y muchas más cosas malas. Hace pocos días, un estradense acudió al cuartel de la Guardia Civil pidiendo ser detenido. No lo consiguió, y durmió en casa, junto a esa depresión e injusticias que no se quita de encima. Con cierta inocencia, este hombre pensaba que en el cuartelillo podrían ponerle bajo rejas, y custodiado, sólo por considarse víctima de una veintena de injusticias encadenadas que le aplastan desde hace veintinco años. En medio de tanta maldad gratuita que parece lloverle a este hombre se podría encontrar la figura de una mujer. Al principio de toda la historia, cuando el hombre estaba a punto de conocer a esa mujer, encontraríamos un planteamiento equivocado, o dos, de lo que debe ser una relación moderna entre ambos sexos. Hay teorías que culpan en gran parte a los hombres de las difíciles situaciones en las que entran muchas parejas y matrimonios una vez que se oxida el encantamiento inicial. Y se basan en una torpeza masculina, que sería innata, al entender que han cambiado mucho, en los últimos cuarenta años, las formas de entender esas relaciones. Otros teóricos prefieren precisar que también existe un defecto innato cuando las mujeres tienen que hacer uso de todos esos derechos que antes tenían limitados. La realidad, en cada caso, tendrá pinceladas de ambas teorías, o quizá manchas de otras concepciones del problema. En cualquier caso, debería haber mucha más gente fichada, por respuestas violentas ante reacciones que no respetan los nuevos conceptos de estas relaciones.