La muerte también es un negocio

Rocío García Martínez
Rocío García A ESTRADA

DEZA

Reportaje | Acolchados para féretros en el polígono de Toedo Pilar Caldelas ha revolucionado el sector de los ataúdes fabricando en serie los mullidos que antes había que coser a mano sobre cada caja. Hay modelos para todos los gustos

26 feb 2005 . Actualizado a las 06:00 h.

El polígono industrial de Toedo acoge desde el pasado mes de diciembre una fábrica inusual. En lugar de diseñar muebles o de levantar edificios, la empresa Calpep fabrica acolchados para ataúdes y complementos textiles para acompañar a las personas en su último viaje a hombros. La artífice de la iniciativa es Pilar Caldelas, una empresaria de Padrón que ha demostrado un gran olfato para el negocio. La historia de Pilar es una historia de trabajo y de superación. No le dieron nada hecho. A los quince años empezó a trabajar como costurera en Confecciones Morono. A los 18 se casó. Su marido, José Perol, trabajaba como carpintero en una fábrica de ataúdes: Ataúdes Compostela, en A Picaraña. Fue él quién la metió en el sector de las funerarias. «Ó principio eu non quería ir, porque estaba moi contenta nas confeccións, pero ó final... dichosos cartos...», comenta. Su trabajo consistía en revestir con tela el interior de los féretros. «Daquela era un proceso complicado. Había que traballar cos rollos enteiros de tela e ir facendo o acolchado sobre cada caixa», explica. En los seis años que Pilar se dedicó a eso hizo acopio de muchos conocimientos y fraguó un par de ideas para facilitar el forrado. La empresaria tenía claro que ahí había un buen nicho de mercado. Su idea era fabricar en serie el almohadillado interior y venderlo a los faricantes de ataúdes, que no tendrían más que graparlo a la caja en cuanto estuviese lista. La idea no gustó mucho a las costureras que se dedicaban al acolchado, pero fue pionera en España y revolucionó el sector. Empezaron a llover pedidos y toda la familia se implicó en el proyecto. Su marido se encargó de la innovación. Diseñó una máquina de fruncido que permitió multiplicar la producción de tapizados. Atrás quedaron los inicios, cuando Pilar cortaba la tela a mano, en una habitación de su casa de Sande (Carcacía). En la moderna nave de Toedo trabajan 17 empleados de Padrón y A Estrada y pueden producirse 1.500 piezas al día. La empresa no sólo fabrica acolchados. También diseña todo tipo de complementos textiles para vestir al difunto en su última aparición pública. Tantos modelos hay, que existe incluso un catálogo tan interesante como tétrico. Hay tapizados para la tapa del féretro, sabanillas para cubrir al difunto, mantos para vestirlo o sudarios para aislar los flujos. Los acolchados los hay de todo tipo. El que más se vende es el corriente, que cuesta unos tres euros, pero también los hay en raso con nido de abeja, que pueden alcanzar los 48 euros. En el sector también hay modas. Hace tiempo se llevó el raso morado, pero ahora lo que más se pide es el tapizado básico en blanco. También están en boga las sabanillas con bordados religiosos, otra innovación de la factoría estradense. Los de la Virgen del Pilar hacen furor en Zaragoza y los de Fátima en Portugal.