El japonés que toca la gaita

Rocío García a estrada

DEZA

MARCOS MÍGUEZ

En dos minutos | Encuentro intercultural en el instituto de Forcarei El antropólogo Tadafhi Yamamoto sorprendió a los alumnos con una charla en gallego

23 feb 2005 . Actualizado a las 06:00 h.

Encontrar un japonés que hable gallego es como encontrar una cartera repleta de euros. Es extraño, pero es reconfortante. Los alumnos del instituto Chano Piñeiro de Forcarei tuvieron ayer la oportunidad de conocer a un antropólogo nipón que, además de hablar gallego, sabe tocar la gaita. Y no es que lleve años residiendo en Galicia ni que tenga un pariente rianxeiro . Su dominio es cuestión de puro empeño. Tadafhi Yamamoto es profesor en el departamento de Estudios Hispánicos de la Universidad de Tenri, una ciudad situada cerca de Osaka. Yamamoto imparte clases de español y de antropología. Su especialidad son las culturas indígenas de Méjico, pero Yamamoto tuvo una vez un compañero uruguayo que era hijo de emigrantes gallegos. Fue él quien despertó su curiosidad por Galicia. Lo demás fue pasión autodidacta. A 16 horas de vuelo de España, los dos únicos profesores de gallego que encontró fueron «un diccionario Vox» y «cuatro horas diarias de Radio Galega». Yamamoto escucha la programación a través de Internet para practicar conversación. El gusanillo de la música le entró con los discos de Milladoiro que le dejó el uruguayo. Ni corto ni perezoso, Yamamoto se hizo con una gaita y a fuerza de escuchar cedés de música tradicional ha empezado a dominar el instrumento. Su habilidad le sirvió ayer para dejar perplejos a los alumnos del instituto forcaricense, donde el antropólogo nipón se atrevió a interpretar con la gaita una melodía típica japonesa. Fusión cultural en pleno Candán. Yamamoto también despejó las dudas de los estudiantes sobre la cultura japonesa, los inició en la escritura ideográfica y les explicó que no todos los japoneses son tan descarados como el célebre Shin Chan. La visita de Yamamoto a Forcarei terminó con un almuerzo en el que el profesor no dudó en cambiar el sushi por la carne «richada».