Presidentofobia

DEZA

SIN SODA | O |

22 feb 2005 . Actualizado a las 06:00 h.

ADEMÁS DEL éxodo de los jóvenes hacia las ciudades, del envejecimiento demográfico y de la sombra de la despoblación que hace años que planea sobre el monte Cando y la sierra del Candán, Forcarei sufre ahora una nueva patología de fácil diagnóstico y difícil curación. El mal, que todavía no ha sido bautizado, es algún tipo de fobia con síntomas inequívocos que han empezado a detectarse entre la población local. Quienes lo sufren rechazan sistemáticamente la asunción de cargos públicos de cualquier tipo. Especialmente los puestos sin remuneración. Aunque la responsabilidad sea mínima y el trabajo escaso, los afectados huyen del nombramiento y de cualquier tipo de implicación. Ninguno quiere dar la cara por los intereses conjuntos y hay quien prefiere incluso optar por la disolución. El catálogo de excusas es amplio. Hay quien dice que no tiene tiempo suficiente, quien alega que no sabe hablar en público y quien recurre a ignotos asuntos familiares. También hay enfermos aduladores que aseguran que el cargo les queda grande y que prefieren que el que lo ha ostentado hasta el momento continúe pegado al sillón. Los peores son los que no dicen nada. Los que para evitar incomodidades y para no enfrentarse al problema, evitan cualquier reunión. Algunos comerciantes, por ejemplo, dominan esta técnica a la perfección. La enfermedad no reviste gravedad para el paciente, pero podría ser contagiosa, ya que afecta a un amplio porcentaje de la población local. Los expertos estudian el asunto y advierten que una epidemia así podría llegar a frenar la actividad municipal. Los comerciantes a punto estuvieron de tirar por la borda varios años de trabajo. Los cazadores tendrán que enfrentarse el sábado a un test crucial.