SIN SODA | O |
09 feb 2005 . Actualizado a las 06:00 h.CADA VEZ que se convocan oposiciones, el recinto ferial de Silleda se convierte en una marabunta de seres humanos. Da igual que las plazas sean de limpiador que de auxiliar administrativo. De prisiones o de profesor de secundaria. Invariablemente los opositores se cuentan por miles y hacen cola en las puertas de acceso con los nervios a flor de piel y la esperanza encogida. No es de extrañar. Ser funcionario no es cualquier cosa. No sólo garantiza una plaza de por vida y un sueldo medianamente digno, sino también un trabajo más llevadero que otros y, sobre todo, un horario que suele despertar envidias. El pack incluye vacaciones de verano completas -Navidades y Semana Santa a veces-, fines de semana y festivos, excedencias facultativas, ausencias por asuntos propios y hasta días moscosos de propina. La plaza hay que sudarla, pero el esfuerzo no es baldío. Y menos si el trabajo viene con el seguro de jornada contínua matutina. El plan no es apto para cualquiera porque hasta el ocio es fuente de patologías. Las depresiones de funcionarios están a la orden del día. Con eso hay que tener cuidado. Pero aún así, seguro que más del 50% de los lectores firmarían ahora mismo.