En directo | Jornadas de extranjería en la Academia Galega de Seguridade La policía alerta de la proliferación de redes que utilizan menores de edad de los países del este
01 dic 2004 . Actualizado a las 06:00 h.La Academia Galega de Seguridade (AGS) acoge desde ayer unas jornadas de Operativa Policial de Extranjería que han puesto de manifiesto que el oficio más viejo del mundo presenta cada día una cara más sórdida. La policía calcula que en España el tráfico específico de mujeres con fines de explotación sexual mueve al año 18.000 millones de euros. Se han contabilizado 3.000 clubes de alterne y alrededor de 400.000 mujeres que trabajan en ellos. El 70% son extranjeras. Según el comisario Carlos Botrán Prieto, el máximo especialista español en redes de inmigración ilegal, sólo en lo que va de año se han detectado en España 1.577 víctimas de la prostitución. De ellas, 584 eran mujeres rumanas, 287 brasileñas, 125 rusas, 121 colombianas, 60 nigerianas, 40 dominicanas y 30 paraguayas. El comisario, que destacó la presencia de este último grupo de nueva aparición, alertó de la tendencia actual a la utilización de menores de edad, sobre todo de origen rumano. Se trata de chicas de 15 a 17 años que son captadas en su país a través de anuncios de prensa, folletos ofreciendo trabajos dignos o falsos contratos como artistas. Las jóvenes contraen una deuda de entre 3.000 y 4.000 dólares con quienes las trasladan a España y luego son llevadas a clubes en los que su resistencia a prostituirse se vence a base de amenazas, agresiones sexuales y palizas. Las redes de prostitución europea explotan en España, además de mujeres rumanas, búlgaras, ucranianas, rusas y moldavas. Del continente americano, las redes comercian con colombianas, brasileiras, dominicanas, bolivianas, ecuatorianas y paraguayas. De África, con nigerianas y liberianas. Los clubes suelen quedarse con el 40% del sueldo de las mujeres, que a su llegada a España se topan muchas veces con la retirada del pasaporte y el billete de vuelta, nula percepción hasta saldar la deuda contraída, secuestros en el interior del local, malos tratos o vejaciones. El problema se complica por la reticencia de las víctimas a denunciar por miedo a ser deportadas.