A CONTRAPELO
27 oct 2004 . Actualizado a las 07:00 h.ESTHER TIENE cuatro años y estos días andaba con la fiebre por las nubes. Los virus no perdonan, y el frío del invierno tampoco. Ayer no había manera de levantarla de la cama, remoloneando a ver si colaba a pesar de estar mejor de salud. Al final aceptó a regañadientes vestirse al recordarle que podría jugar en el patio con el resto de compañeros. Me imagino a otras Esther, David, Lorena, Pablo,... que residen en las aldeas de Lalín, de Silleda, de Cerdedo,... Niños que todavía no llegaron a la edad escolar y a los que sus padres no podrán convencer con compañeros de juego para sacarles de entre las sábanas. El rural se despuebla a marchas forzadas y los más pequeños son algunas de sus víctimas. En muchas aldeas un único niño de menos de tres años escenifica esa pérdida demográfica en detrimento de las villas. Uno de esos hábitos perniciosos de la sociedad del siglo XXI.