La importancia de «decir sin decir»

La Voz LA VOZ | LALÍN

DEZA

MARCOS MÍGUEZ

Análisis | Los políticos locales evitan mostrar sus cartas y crearse enemigos «En tiempos de mudanza, templanza». La frase de Ignacio de Loyola refleja el sentir de Deza, donde la permanencia de Crespo en Lalín, lejos de la Xunta, fue un acierto

23 sep 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

?l maremoto que vive la política gallega tiene en la comarca de Deza un rompeolas de primer orden. Son éstos días en que los teléfonos móviles, de diseño y última generación, agotan las baterías en horas. Las llamadas se cruzan en una permanente agitación política de la que el beneficiario más inmediato se llama Movistar, y tiene sede en Madrid. Descolgar el teléfono, en tales circunstancias, se convierte en todo un arte. A falta de videoconferencia, las modulaciones de voz en los interlocutores se escrutan al milímetro. Y cobra una importancia trascendental el saber «decir sin decir»; utilizar el «sí pero no»; y cuando la respuesta es «no», conocer el modo de justificarlo y transmitirlo con dulzura. Conversaciones en las que es clave dominar el lenguaje que caracteriza a los gallegos de boina : la retranca. En este escenario de susurros, de palabras medidas, de soplos interesados y de confesiones ambivalentes, la retranca es elemento imprescindible para no herir sensibilidades. Porque a nadie interesa desvelar sus cartas antes de tiempo ni crearse enemigos que pueden ser necesarios a corto plazo. En esta maraña, se rebajan viejas tensiones y se tienden puentes de plata, con promesas y halagos. En esta templanza que se impone, cualquier movimiento en falso tiene consecuencias. Si hace un par de semanas el sindicalista Román Santalla lamentaba que no hubiese cuajado la opción de Crespo como conselleiro de Agricultura, vista la evolución de la política gallega en los últimos días se desvela como un acierto la continuidad de Xosé Crespo en Lalín. Porque los nuevos integrantes del gobierno gallego pueden ser conselleiros de ida y vuelta , ante la posible convocatoria anticipada de elecciones. De esta manera, la entrada de Crespo en la Xunta hubiera podido ser efímera, y a cambio habría tenido que dejar el mando de proyectos de importancia en Lalín, en la Diputación de Pontevedra y en la Fegamp, donde tiene un papel protagonista en la negociación del Pacto Local. Mantener a Xosé Crespo fuera de la Xunta supone también ganar una baza por parte del propio PP: evita quemar a un político joven, con trayectoria política de futuro y que podrá incorporarse más tarde a puestos de responsabilidad, sin el lastre de un fugaz paso por el primer ejecutivo gallego de la era Fraga que dimite antes de agotar el mandato. Crespo muestra madurez política e intuición. El otro Crespo con nombre propio en Deza, Xosé Cuíña, lo sabe. Hace una semana, en O Regueiriño, lanzó un mensaje inusualmente halagador hacia el alcalde que le sucedió hace casi 15 años: de «alumno que superou ao mestre» para arriba. Unos elogios que no eran casualidad: sonaban a cantos de sirena, a invitación a acompañarle en «os camiños que máis nos conveñan». Mientras, Ulises Crespo aguantaba estoico al lado de Louzán.