Las últimas horas que están pasando los niños saharauis en sus hogares adoptivos de Lalín, Rodeiro y A Estrada están siendo frenéticas. Al deseo de volver a casa para reencontrarse con sus padres y hermanos se une la tristeza de dejar atrás amigos y otra familia pero también la ilusión de llevarse muchos regalos en la maleta. El alcalde de Rodeiro, Eliseo Diéguez, quiso despedirse también ayer de los pequeños. Compartió con ellos mesa y mantel y les hizo entrega de juguetes, de los que carecen en buena medida en el Sáhara. En Lalín se les hará entrega de una serie de material didáctico, según apuntó la concelleira de Benestar Social. Quedan ahora muchos meses por delante antes de que puedan regresar pero ha sido una estancia positiva para unos y otros. Es más, algún pequeño se lleva un gran tesoro y un bien preciado: la medicación para todo un año para la enfermedad que padece.