La música y la primavera

DEZA

AL FILO | O |

16 abr 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

HAY QUIEN SE LEVANTA oyendo violines, otros que prefieren el sonido de la lluvia y los hay que no pueden conciliar el sueño sin el rumor cercano de las olas batiendo en la playa. Los sonidos de la naturaleza y la música forman parte de nuestras vidas. La de la mayoría empieza con un berrinche a grito pelado. Después ya tendremos tiempo para ir añadiendo acordes. Ayer llovía en Lalín y casi todos optamos por recuperar el abrigo para salir a la calle, pero en el aire se respira ya la primavera. Esa que nos altera las neuronas. No hace falta más que darse una vuelta por los parques y descubrir que en los últimos días se han multiplicado los arrumacos de adolescentes en la calle. Ayer llovía y una parejita se hacía carantoñas delante del pabellón, mientras sus compañeros adivinaban preguntas y competían en pruebas deportivas, indiferentes al agua que caía del cielo en una cascada de gotas minúsculas. Quién no recuerda esos primeros besos unidos a un repicar de tambores en medio del pecho. El primer concierto, el primer baile, la primera verbena. Las canciones de los primeros años de escuela, las cantinelas que coreábamos en las excursiones del colegio, el «Abalaré, alabaré» de misa, el vals de la boda... toda nuestra vida está marcada por la música. Cada uno escoje su sintonía. La de esa canción que no puedes dejar de tararear. Mi padre prefiere la música de banda; mi abuela la música clásica con la que estaba convencida que ayudaba a las gallinas de la granja de mi tío a que pusieran más huevos. Mi hermana lo vive todo a ritmo de pandereta y gaita y mi hermano le pega al blues. Elijan melodía.