En sus manos, el conjunto rojinegro ha completado con éxito su año de transición gracias a varios cambios fundamentales
12 abr 2004 . Actualizado a las 07:00 h.?ucho le queda por andar al Portadeza Lalín hasta recuperar su naturaleza de equipo de élite de la Primera Nacional. Pero desde luego, muchísimo menos de lo que restaba hace ahora un año. Arrastrado al pozo de la mediocridad por el ingente trabajo de destrucción de Dioni, el conjunto rojinegro ha encontrado en Xosé Couso al hombre que necesitaba para pilotar el cambio tranquilo que tanto urgía. Una semana después de concluír la temporada, el análisis de la trayectoria liguera portadezana invita al optimismo. Reducido a una banda de individualistas por Dioni, la plantilla de Lalín ha recuperado su condición perdida de equipo a manos de su actual preparador. Varias son las claves que explican esta transformación, germinada en la primera vuelta y sólo reconocible en la segunda mitad del campeonato. Importante cambio de mentalidad. El más evidente y el más necesario. Sin orden ni concierto, los jugadores rojinegros acabaron con Dioni por echar la culpa de la pobreza de su balonmano a los árbitros. Y no es que no les faltasen razones para el cabreo en muchas ocasiones, pero así no hay manera de ganar partidos. El resultado, catorce derrotas nacidas de la frágil concentración de la plantilla. El equipo caminó por los mismos derroteros en la primera vuelta, viendo volar de esta manera demasiados puntos, sobre todo fuera de casa. Harto de la falta de temple de varios de sus hombres, que no de todos, Couso optó por una solución drástica que le funcionó la mar de bien: castigo arbitral=sanción del club. Después de tantos palos el Portadeza parece haber aprendido la lección: los partidos sólo se ganan jugando. Ahora sí se empieza a defender. Si nos atenemos a los fríos números, habría que hablar de un empeoramiento defensivo del Portadeza respecto a la temporada pasada. De la séptima mejor zaga de la Liga 2002/2003 (26,81 goles en contra) ha pasado a ofrecer la quinta peor (27,19) de la competición. Lo cierto es que, además de los 354 goles más marcados en la Liga anterior por los catorce equipos del grupo gallego , la intensidad de los hombres de Couso frente a su propia portería ha experimentado un giro de 360º, especialmente notable en el tramo final del campeonato. Jorge Gulías y Rubén Martínez son ya una auténtica pesadilla para la primera línea más letal que se pueda encontrar el cuadro lalinense, como ya comprobó hasta el propio Fadesa a cuatro jornadas para la conclusión de la campaña regular. En Lalín se quedó entonces uno de los escasos cuatros puntos cedidos por el líder en sus 26 encuentros. El Portadeza ya no baja los brazos como antaño. El ataque ya no es sólo cosa de cuatro. Siendo esta la faceta del juego colectivo en la que más queda por hacer, poco a poco se ha ido encauzando el afán de protagonismo de algunos jugadores. Lo de hacer la guerra cada uno por su lado toca a su fin. Y no es que el Portadeza no sufriese esta lacra en numerosas ocasiones durante la temporada. Pero lejos de ser la norma, el individualismo ofensivo se ha ido convirtiendo en un fenómeno de rachas. Eso sí, todavía demasiado frecuentes. La circulación del balón ha mejorado considerablemente y los extremos por fin pueden decir que cuentan en el esquema de ataque rojinegro, del que habían desaparecido con Dioni. El balance global arroja una mejora notable en el Portadeza a manos de Xosé Couso. Por ello, sea quien sea el próximo presidente del club, haría bien en apostar por la continuidad de un entrenador que pidió tres años para recuperar la gloria rojinegra. La primera piedra ya está colocada.