Al FILO | O |
26 mar 2004 . Actualizado a las 06:00 h.EN UNA PELÍCULA INFANTIL navideña, el hada de los dientes era una bella joven de la que estaba enamorado un duende dentista. Un duende de esos que le hacen los juguetes a Santa Claus, pero al que se le ocurrió hacerse dentista. No es mala profesión. Si no que se lo digan a los sufridos padres que estos días tuvieron que pasar por la consulta de alguno de estos profesionales para pedir presupuesto para alguna ortodoncia. A casi nadie le gusta ir al dentista. No por nada, sino porque eso del sillón y los olores de la anestesia y otros instrumentos que a los profanos nos parecen purita tortura no son para tirar cohetes. Por si fuera poco, nuestra salud dental y la de nuestros hijos nos cuesta cada vez más. Si usted pregunta en las calles de Lalín, de A Estrada o de Silleda, por poner algún ejemplo, calle le hablarán de ortodoncias a 3.000 euros, alguna que otra limpieza a 180 euros y toda una serie de cifras al gusto de pocos bolsillos familiares. Y mientras, los vecinos se preguntan ¿para qué tanta campaña de prevención y tanta salud bucodental?, si luego cuando a un niño le sale un diente torcido no le queda más remedio que dos años de aparatito y aportar el equivalente a un crucero de lujo. Mis vecinos reivindican mayores prestaciones de la Seguridad Social en odontología. Alguno suma también otras necesidades como el pago de las gafas o la corrección de problemas de visión, operaciones de miopía entre otras. Aunque, de momento, las hadas sólo existen en los cuentos y al ratoncito Pérez no le da el presupuesto para ortodoncias.