Deza y Tabeirós tienen sólo una plaza geriátrica pública por cada 250 mayores

Rocío García Martínez
Rocío García A ESTRADA

DEZA

La zona reúne 20.000 habitantes con más de 65 años y dispone de dos residencias con capacidad para 120 En Cerdedo, Forcarei, Agolada y Rodeiro los ancianos son más del 30% del censo

06 mar 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

Las comarcas de Deza y Tabeirós-Terra de Montes son una de las peores zonas de Europa para envejecer. Al menos si el que rebasa la madurez no tiene una familia que lo arrope o una pensión razonable. En Dinamarca, por cada cien habitantes mayores de 65 años, el estado dispone de trece plazas en residencias públicas. En España la media es de tres camas por cada cien ancianos y, en Galicia, según los datos del Instituto Nacional de Estadística correspondientes al 2001, hay sólo 1,74 plazas por cada centenar de mayores. En Deza y Tabeirós, ni eso. Por cada 250 personas con más de 65 años, la zona cuenta con una única plaza pública. Las cifras hablan por sí mismas. Los nueve municipios de la zona -Lalín, A Estrada, Silleda, Vila de Cruces, Forcarei, Cerdedo, Rodeiro, Agolada y Dozón- reúnen un total de 20.003 habitantes que han superado la barrera de los 65. Envejecimiento galopante Cerdedo es el ayuntamiento con un envejecimiento más acusado: los ancianos copan el 37,2% del censo municipal. El resto de los concellos le siguen de cerca. En Forcarei los mayores representan el 33,9% del padrón local, en Agolada el 32%, en Rodeiro el 30,9% y en Cruces el 29%. Mientras, en Silleda y en Dozón los mayores de 65 años son el 25,9% de la población, en A Estrada el 24,5 y en Lalín, el municipio más joven, el 21,7%. Que tampoco es ninguna broma. Pese a los abrumadores porcentajes, en la zona sólo funcionan actualmente dos residencias para mayores. Ofrecen, en conjunto, 80 plazas públicas o concertadas. Uno de los centros es el de A Estrada, que dispone de cuarenta plazas públicas para residentes válidos, es decir, con autonomía para realizar por sí mismos las actividades propias de la vida diaria. La otra residencia es la de Nosa Señora das Dores de Lalín. Ésta dispone de 80 plazas cubiertas en su mayor parte por personas que precisan asistencia en el día a día. Sin embargo, sólo 40 de ellas son concertadas con la administración. El resto son de carácter privado, con lo que las 120 plazas reales que hay en la comarca se reducen a 80 para las personas con escasos recursos. La oferta es a todas luces insuficiente. Aunque la vivienda familiar sigue siendo con mucho la residencia habitual de los mayores de la comarca, conviene no olvidar que muchos ancianos no disponen de una casa en condiciones o de una familia que pueda o quiera cuidarles. Además de la ampliación de plazas en general, los municipios de la zona piden a gritos un incremento de la oferta específica para mayores asistidos. Lalín es el único Concello de toda la zona que disfruta de una residencia para este tipo de personas. Por su parte, A Estrada oferta sólo plazas para personas válidas. La situación provoca a veces problemas de desarraigo, ya que muchos residentes que ingresan en el centro se ven obligados a abandonarlo al cabo de unos años a causa de los achaques que le impiden valerse por sí mismos. Los mayores tienen que solicitar el traslado a una residencia de asistidos y dejar en el camino costumbres y amigos. Los expertos que prevén que el baby-bum posterior a la Guerra Civil española se traduzca en un importante incremento de la población anciana a partir del año 2011. Si se tienen en cuenta estos cálculos, el panorama actual resulta todavía más desesperanzador.