Azul de junio en calendario invernal

DEZA

LLEGAN YA los primeros calendarios a nuestras casas. Es un regalo socorrido, y coincidente: igual te lo dan en un banco que en la carnicería. Igual de bolsillo, que de pared, que de sobremesa. Los hay de distintos motivos: desde los picantillos que causaban furor en los 80 -antes del boom de la silicona, pero igual de contundentes- a los más tiernos de perritos y gatitos: se supone que aprovechando sus últimos instantes, antes de esa práctica en tiempos tan habitual de introducirlos en un saquito para su primera clase práctica de natación fluvial, que solía acabar en tragedia gatuna. Con las siete vidas fuera de juego. Están luego los tópicos: el dibujito con la camiseta del Madrid o del Barcelona. Y en Lalín, está también el institucional: llega por correo y con membrete del Concello. Suele hacerse con un hueco en oficinas y domicilios, porque es de los primeros en llegar y de fácil lectura. En este caso, el motivo es recurrente: es un ¡Viva Lalín! gráfico. Este año, con una bonita vista del albergue de Mouriscade y una imagen del campo de hierba sintética que dan ganas de tirarse en él: bajo ese cielo con azul de junio, en este gris plomo de diciembre.