EL CRISOL | O |
03 oct 2003 . Actualizado a las 07:00 h.HAY ENFERMERAS que trabajan de madrugada. Hay albañiles que se levantan antes de que salga el sol. Hay funcionarios aburridos de poner sellos. Opositores eternos, barmans deprimidos, ciclistas que se dopan y profesores con estrés. Hay estudiantes que pierden el bus, amas de casa hartas de hacer la compra, jubilados cansados del dominó y oficinistas saturados de solitarios. Hay jueces desencantados, narcos arrepentidos, conductores que se marean, novelistas sin ideas, cineastas de remakes y ex-fumadores narcotizados. Hay floristas sin olfato, conductores que se marean, saxofonistas que se suicidan, nadadores que se ahogan y pianistas que te abandonan. Hay fantasmas de antepasados, mecánicos sin llave inglesa, electricistas muertos de risa y libreros que son doctores. Hay doctores que no son médicos, carpinteros que no querían serlo, psiquiatras enloquecidos y dependientes que son felices. Hay parejas muertas de asco, trepas que llegan muy alto y corredores que nunca llegan. Pero hay otras vidas. Vidas sin asfalto. Vidas llenas de cielo. Vidas desde los aires. Vidas en un puño. Vidas sin vértigo. Vidas errantes. Vidas de funambulista. Vidas sin miedo al miedo. Hay otras vidas. Y hay otros cielos.