SIN SODA
27 ago 2003 . Actualizado a las 07:00 h.LAS CRECIDAS del Ulla son a veces más rápidas que el AVE. Más veloces incluso que el TGV francés, que corre tanto que no deja ni ver el paisaje. Son crecidas de vértigo que han dado ya demasiados sustos. A veces sustos mortales. Las crecidas son, sobre todo, inesperadas. Inesperadas para casi todos, porque las más vertiginosas siempre se las espera alguien. Un volcán o un tornado son mucho más imprevisibles. Y en cambio siempre se anuncian en los telediarios. Una crecida relámpago como las que sufre el Ulla es una sencilla relación de causa-efecto. El embase de Portodemouros se abre y el nivel del agua sube. Pero la apertura suele ser un secreto de estado. El silencio ha costado unas cuantas inundaciones y algún pescador ahogado. Ahora la Xunta parece que se ha decidido a aplicar «medidas correctoras». ¡Non era sen tempo!