Los edificios más modernos están bastante bien adaptados para minusválidos, pero en los «históricos», heredados de otras administraciones existen barreras arquitectónicas
15 mar 2003 . Actualizado a las 06:00 h.?proximadamente el 3% de los estudiantes universitarios en Galicia padece algún tipo de mi?nusvalía. Si ese porcentaje, calculado por la Confederación Galega de Minusválidos (Cogami), se cumple, en Pontevedra habría alrededor de un centenar de alumnos discapacitados en mayor o menor medida. El número exacto se desconoce, pues la Universidad de Vigo, contrariamente a lo que se hace en otras instituciones similares, no pregunta en los impresos de matriculación si el alumnos padece alguna minusvalía. Manuel de Lario, uno de los coordinadores de Cogami, señala que sólo se tiene constancia, en la Universidad, «de las personas con necesidades especiales, pero no, por ejemplo, de quienes utilizan una silla de ruedas diariamente». Precisamente, los discapacitados que necesitan una silla para trasladarse son los que lo tienen más difícil a la hora de adaptarse a la vida universitaria. Igual, en realidad, que en les sucede en la mayor parte de los ámbitos.Hasta el año 1999 no existió ningún tipo de regulase la adaptación de los edificios para facilitar el acceso a personas discapacitadas. Por eso, la mayor parte de los inmuebles construidos antes de esa fecha no disponen de planes de supresión de barreras arquitectónicas. Proyecto Cancung Con el fin de auditar todos los centros universitarios de Pontevedra, Cogami tiene en marcha el denominado Proyecto Cancung, que se está desarrollando también en otros campus gallegos. La idea era que los voluntarios de la Universidad (en Pontevedra, una treintena) auditasen, formulario en mano, todos los espacios universitarios -docentes, administrativos, resi?denciales, de investigación y deportivos- con el fin de localizar aquellos puntos negros en cuanto a accesibilidad para discapacitados. Una vez completado el trabajo de campo, Cogami lo trasladará a los servicios técnicos de la universidad que se encargarán de las acciones que sean necesarias. Sin embargo, la catástrofe del Prestige también ha afectado a esta iniciativa. Fue presentada en Pontevedra el 12 de noviembre, justo un día antes de que el petróleo saltase a las primeras planas de todos los periódicos. Y a partir de entonces, todos los voluntarios de la Universidad han volcado sus esfuerzos en la recuperación de playas, en el avistamiento de aves petroleadas y en otras iniciativas coordinadas por la Oficina de Medio Ambiente de la institución académica. No obstante, De Lario confía en que la investigación del proyecto Cancung se pueda reanudar próximamente y que a finales de este curso académico ya dispongan de todos los datos del campus de Pontevedra. Bancos escalonados A priori, desde Cogami se señala que en los edificios más modernos (Ciencias Sociales, Fisioterapia o Forestales), la adaptación es bastante buena, pero hay muchos detalles «que en realidad no se aprecian a simple vista pero sí los sufre quien va en silla de ruedas». Se trata de cuestiones como pequeños bordillos para acceder a las rampas (inapreciables salvo que se vaya en silla de ruedas), el hecho de que de las aulas, con bancos escalonados para favorecer a visibilidad, no se pueda acceder más que a la primera fila o que las salidas de emergencias se encuentren al fondo, donde no se puede acceder en silla de ruedas. De todas formas, el principal problema se encuentra en los edificios históricos, los que han sido «heredados» por la Universidad. En Pontevedra, el caso más grave es el de la facultad de Ciencias de la educación, en la que para entrar hay que sobrepasar tres escalones. Pero hay otros casos de edificios aparentemente adaptados en los que es la supresión de barreras es deficiente. Porque, como recuerda Manuel de Lario, «no basta con construir una rampa sin más; tiene que tener una cierta inclinación, una anchura determinada».