El Apóstol quiso pintar ayer en Santiago un cielo negro, como el color del mar. Y del futuro inmediato
30 dic 2002 . Actualizado a las 06:00 h.A veces, si se mira desde el Obradoiro hacia el montePedroso, se ve una bandada de gaviotas revolotear en el horizonte, como si fueran jóvenes muchachas que nos traen las noticias del mar. No estuvieron ayer esas aves por el cielo. Fue un día raro. El protocolo corre mucho más lento que los sentimientos y Santiago celebró una de las ofrendas al Apóstol más tristes de los últimos años. Como si fueran figuras en un tablero de ajedrez, los militares de la Brilat daban al Obradoiro un aire tan solemne e infrecuente que hasta sorprendió a algún turista apostado a las puertas del Hostal que, cámara en mano, comparó la ceremonia con el reciente homenaje a la bandera que protagonizó el ministro Trillo en la madrileña plaza de Colón. Pero ayer no se rendía tributo a ninguna bandera. Aunque sonó el himno y el viva España, el homenajeado era el Apóstol, que quiso pintar ayer un cielo negro, como el del color del mar. Y el del futuro inmediato. Tanto es así, que se habló ayer más de la costa en el Obradoiro que en el puerto de Camariñas. Encarna Otero, alcaldesa en funciones, flanqueó a Fraga. Ninguno de los ediles del BNG la acompañó. Quizás porque, en realidad, es una ceremonia que se les atraganta. Bugallo, delegado regio, si estuvo rodeado de todos sus concejales, que le vieron pasar revista a las tropas con un estilo serio y solemne que no acostumbra a prodigar en los pasillos de Raxoi. Mientras tenía lugar el desfile, un grupo de independistas quiso protestar cerca del Obradoiro. Pero la policía se lo impidió. Había doce agentes. Y diez manifestantes. Transcurrido el acto, la comitiva recorrió la catedral y asistió a la misa. Bugallo y Julián Barrio hablaron del desastre del barco ante las autoridades civiles y eclesiásticas. Y ante numerosos turistas. Del PP había muchos rostros: Fernández Albor, Marta Álvarez, María Jesús Sainz, Romay Beccaría y un buen montón de conselleiros. Faltaron por otras obligaciones políticas Dositeo Rodríguez y Arsenio Fernández de Mesa, que fue a recibir a Jaume Matas, el ministro de Medio Ambiente que prefirió inaugurar una depuradora en Málaga antes que visitar la costa gallega afectada por el vertido. Después de una prolongada homilía en la Catedral, las autoridades se marcharon al Concello, donde el delegado regio ofreció una recepción a las autoridades. Allí se repartieron pequeñas tazas con un caldo caliente. Quizás para atenuar el frío y quizás también para digerir una catástrofe económica y ecológica que revuelve las tripas. A la salida, el cielo de Compostela estaba todavía más negro. Ayer, en realidad, no sólo se echó en falta a los ediles del BNG, a Fernández de Mesa y a Dositeo Rodríguez. Hubo otras ausencias. Las gaviotas en el cielo.