La Guardia Civil aisló al centenar de manisfestantes manteniéndolos muy alejados de los actos oficiales Políticos y vecinos aguantaron huevos, insultos y zarandeos de algunos de los que protestaban
23 dic 2002 . Actualizado a las 06:00 h.Las pancartas alusivas al desastre del «Prestige» van Siguiendo a Fraga allí donde va. Ayer se le sumaban en Silleda al Minsitro Álvarez Cascos, que debutaba en escuchar coros críticos, y Xosé Cuiña. El delegado Fernández de Mesa ya no es objetivo directo. Pero no vieron las pancartas y los gritos de «PP ilegalización», «Nunca Máis» y un sinfín de lindezas apenas les llegaron. Estrenaron la autopista sorteando sin peaje la movilización y vivieron bajo la mirada vigilante de decenas de guardias civiles y el equipo de seguridad que cubrió todos los accesos en la zona y en la propia autopista. Desde el cielo un helicóptero no sólo trazó la ruta vigilando el desplazamiento de estreno de autopista sino que urgó sobre las vías, caminos y rincones de municipio silledense. Pero con ellos llegó la marea humana que arrastra por tierra el «Prestige». Un centenar de personas _que la Guardia Civil cuantificó en 150_ de la plataforma Nunca Máis y de otros añadidos fueron rehubicados en la carretera de O Castro entre el peaje nuevo y la Semana Verde. Un grupo se había colado hasta el peaje. Lo rehubicaron en la manifestación que cortó el trafico vial. Frente a esta, un cordón de quince o veinte guardias. Por medio del lío fueron circulando vecinos y políticos. Huevos (cocidos), barro, algún escupitajo y zarandeos para muchos. El «Nunca Máis» se cruzaba con el «a comer pinchos, venga». Los insultos para los de los pinchos se universalizaron para ser «gallegos hijos de...». La plataforma asume sólo la protesta pacífica.