Los marinos de la ría gravitan entre la satisfacción y la desconfianza mientras la mancha tóxica vertida por el «Prestige» se aleja de la costa
05 dic 2002 . Actualizado a las 06:00 h.A muchos se les quedará grabada en la memoria la idea, abstracta y aterradora, de la mancha, el gran mar de fuel que, por el momento, los marinos gallegos han conseguido alejar de sus rías autoorganizándose y echándole valor. Después de horas de insomnio y trabajo sin descanso, un jueves 5 de diciembre, la estela negra del Prestige parece retirarse a sus cuarteles, dejando tras de sí un litoral muy dañado. «A nós xa nos tocou a lotería», dicen con sorna en Bueu. Que la mancha ha variado su rumbo con el cambio de sentido del viento lo comprobarán, nada más rompe el sol, los marineros morracenses. Los primeros barcos que llegan al puerto de Bueu, procedentes de la zona de Ons, vierten en el muelle la cuarta parte de fuel que en la jornada anterior. Es una buena noticia. El peligro, dicen, lo constituyen ahora las pelotas de combustible, que se recogen mucho mejor con pequeñas planeadoras. Además, hoy el despliegue está mucho mejor organizado. La frenética búsqueda de contenedores para echar el petróleo de los últimos días ha dado paso a un auténtico esquema de trabajo: los barcos pequeños dejan lo que sacan del mar en una gabarra, por lo que pocos deben acercarse a tierra para descargar. Los que lo hacen llegan repitiendo la imagen de los últimos días: caras cansadas y cuerpos embadurnados en manteca tóxica. Voluntarios en el puerto El puerto es ahora de los voluntarios, enfundados en sus trajes impermeables verde y ataviados con mascarillas que les dan un aspecto posnuclear, y de las mujeres, que elaboran barreras artesanales de red para que las lanchas no extiendan el fuel por la dársena. Hay también algunos niños. «Neno, este nadal non pidas moito, que os reis xa nos viñeron», dice una madre. Una manifestación de alumnos del instituto local, enfundados en plásticos negros, irrumpe en el puerto con estrépito. En la isla de Ons, ahora rodeada por un cerco oscuro y pegajoso, no hay ni un solo pájaro. Todos se han marchado. «¿Ve aquelas vedras tisnadas, alá?», señala Pepe, de casa Checho, el bar de la isla. «Manchounas a marea negra do Polykommander ». Han pasado nada menos que tres decenios. Galletas de engrudo También en Portonovo la cosa se ha tranquilizado. Las planeadoras traen a tierra los contenedores que han ido llenando a base de pescar pequeñas galletas de engrudo oleoso. Todo está mejor organizado, hay gente suficiente para descargar, vaciar y reponer contenedores, y, además, los que lo hacen ya tienen práctica: llevan cuarenta horas sacando mierda del mar. Desde la dársena se ven barcos de la Armada, que vigila, ahora sí, la posición de la marea negra. Cuarenta alumnos de la Escuela Naval de Marín limpian en Ons la playa de Melide, el paraíso de los nudistas. Sobre las tres, un grupo de surfistas encuentran en Montalvo un ave negra, un alca totalmente cubierta de petróleo. La envuelven en una toalla del Barça, y llaman a Protección Civil. Minutos después, en la Carrera de San Jerónimo de Madrid, en el Congreso de los Diputados, el ministro Rajoy inicia un monólogo que llegará a las siete de la tarde. Después, la oposición también hablará del Prestige y otras frutas ponzoñosas. Antes de las ocho de la tarde, todos los barcos vuelven a Bueu. «O mar queda limpo», dicen los que vienen de la isla de Ons. En la televisión, Rajoy, Zapatero, Rodriguez y Llamazares siguen hablando. Pero los marinos piensan ya en la mañana siguiente. Volverán a salir al mar, porque queda mucho que limpiar, y también por si acaso: «Mire», dicen, «esto élle coma o Guadiana. Hoxe marchou, pero ha de volver». Con información de Marcos Gago, Christian Casares, López Penide y Xoán Carlos Gil.