ENTRE LÍNEAS
30 oct 2002 . Actualizado a las 06:00 h.ANABEL LAREU, concejala de Xuventude de Lalín, ha vuelto al trabajo. Cinco días después de que se hiciera pública su baja por enfermedad, la edil ha entregado el alta en el Concello. Está recuperada y por ello todo el mundo se alegra. Lo importante es la salud, aunque a veces nos empecinemos con asuntos mucho más vanales. El caso es que, independientemente de la gran alegría que suscita que Lareu haya superado el mal que la mantuvo alejada temporalmente de sus tareas municipales, su repentina recuperación abre una incógnita sobre si las causas de la enfermedad tenían más que ver con sus tensas relaciones con el alcalde, Xosé Crespo, que con otra cosa. La alcaldía y Lareu negaron rotundamente esta posibilidad e incluso se tachó a este diario de «amarillista» advirtiéndonos de que la edil sufría una enfermedad seria. De esas que atacan al alma y que son difíciles de superar. El caso es que Lareu cuenta con una concejalía liberada, por lo que recibe un salario a jornada completa que pagan todos los lalinenses. A cambio, la concejala del PP realiza un trabajo que el actual equipo de gobierno considera de la suficiente importancia como para concederle esta nómina. Por ello, su baja, independientemente de las causas, es noticia, ya que afecta de forma directa al funcionamiento del Ayuntamiento. Pero había más. Y es que en círculos del propio Concello se achacaba la baja de Anabel Lareu a sus malas relaciones con el regidor. Y ya ven, cinco días después de que la noticia llegara a la calle, la enfermedad seria y traicionera retrocede. Se esfuma. ¿Hay o no hay crisis? Que cada cual saque sus propias conclusiones.