Era raro que el Caudillo asistiese a novilladas, pero la semana grande de A Coruña ya se había celebrado a primeros de agosto y su tardía estancia en Meirás sólo le permitió ver una corrida menor, aunque actuase en ella el joven y prometedor Antoñete, que hizo una de las faenas de su vida , cortando las dos orejas y el rabo. Antoñete sólo tenía entonces 18 años, pues había nacido en Madrid en junio de 1934. Era hijo del mayoral de la plaza de toros y en aquel ambiente no podía ser otra cosa que lo que fue, aunque su debú, en 1949, sería en un espectáculo en el que actuaron los Charros mexicanos. El cronista de La Voz de Galicia narró con primor aquella faena coruñesa: verónicas, chicuelinas, pases por alto, de pecho, naturales, para finalizar con una gran estocada. El ganado era propiedad del conde de Ruiseñada. Antoñete fue un torero que aparecía y desaparecía como el Guadiana. Reapareció en 1960, se retiró en 1962, volvió en 1963; nueva retirada y otra reaparición en 1981. Parecía que se iba a despedir definitivamente en 1985, pero no lo hizo hasta 1988. Fiel a la letra de la canción: «dicen que te vas, te vas, pero nunca te acabas de ir», volvió en 2000 y al año siguiente, ya con serios problemas de salud, agravados por su adicción al tabaco, se fue definitivamente, aunque «mata el gusanillo» como comentarista taurino en Canal Plus.