Las ofrendas al Apóstol

Carlos Fernández A CORUÑA

DEZA

FOTO BLANCO

Ya muerto Francisco Franco, las ofrendas nacionales al Apóstol seguían siendo realizadas por militares, bien el capitán general de la VIII Región, con sede en A Coruña, o el de la Zona Marítima del Cantábrico, con sede en Ferrol. Ello motivaba el lógico recelo de los políticos, máxime cuando España ya tenía un parlamento surgido de unas elecciones democráticas. Los militares, además, aprovechaban la ocasión para hacer juicios de valor sobre la situación del país, mayormente convulsa, lo que podía ser interpretado como una intromisión en campos que no eran de su competencia. No obstante, en la ofrenda de este año, el almirante de Ferrol, que tenía el patriótico apellido de Español, pedía al Apóstol que enseñase a los españoles a «encontrar fórmulas de convivencia que hiciesen fecunda la variedad en la unidad de la nación» y que «la paz reinase en todos los corazones». La ofrenda al Apóstol Santiago era una tradición de siglos que sólo fue dejada en suspenso por la Segunda República, aunque la continuó haciendo, de modo particular, la Cofradía del Apóstol Santiago. Se reanudó en el año 1937, durante la Guerra Civil.