XURXO MELCHOR ENTRE LÍNEAS
16 feb 2002 . Actualizado a las 06:00 h.En el PP tienen curiosas costumbres. A Manuel Fraga le da todos los años por enclaustar en un monasterio a sus conselleiros para repasar y meditar los asuntos del país. Lo curioso es que la idea del presidente de la Xunta de Galicia parece haber hecho escuela. La copian por doquier. Xosé Crespo, el alcalde de Lalín, es uno de los que emula a Fraga en esto y este fin de semana lo pasa con sus concejales entre las nobles paredes del Pazo da Trabe, en Viveiro. Pero no es el único. A Salomé Peña, la alcaldesa de Ribadumia, también le va esto del retiro espiritual. Lo que no sabemos es que opinan los concejales de todo esto. Secuestrados durante un fin de semana sin sus familias, sin sus amigos, sin la partida de después de comer y con una montaña de proyectos inacabados o por empezar como única diversión. Para más guasa, cada uno paga sus gastos. «Bonito fin de semana», pensará alguno. Los conselleiros de Fraga no pueden quejarse. Al fin y al cabo, es su trabajo y se deben por completo a la Res Pública, la Cosa Pública, que decían los romanos. Pero si uno sólo es concejal la cosa cambia un tanto. Alguno no tiene de qué quejarse, que para eso cobra un sueldo del Concello aunque sea a media jornada. Pero para los otros, menudo papelón. Dicen que Crespo prohíbe incluso los móviles en sus retiros espirituales. Debe ser sólo en las reuniones de trabajo, porque en caso contrario alguien podría acusarle de tortura. Si vale, bienvenido sea De un modo u otro, si el retiro vale para algo, bienvenido sea. Aunque la inevitable pregunta que surje es si no volverán a hablar de lo que, de un modo nada espiritual, llevamos ya tiempo mareando sin retirarnos a ninguna parte. Ya saben: el nuevo Manuel Rivero, los agujeros en la gestión deportiva, O Regueiriño o Eroski y Sinergias. El tema de moda. Lo sabremos a la vuelta.