Niebla, monte, curro y lucha noble

M. MÍGUEZ / P. VIZ A ESTRADA

DEZA

MARCOS MÍGUEZ

La recogida de yeguadas en Sabucedo tiene componentes épicos y requiere experiencia y maestría manejarlas No se veía un animal a dos metros. La niebla cubría el Monte Peón y las colinas limítrofes donde se desperdigaban las greas, alla arriba lejos de Sabucedo, del curro, de los millares de visitantes que ajenos al tragín de la recogida de las yeguas planificaba su llegada a este municipio estradense para la primera rapa, a las siete de la tarde del sábado. Francisco Javier Ovelleira conoce el monte palmo a palmo, con o sin brétema. A las siete y media de la mañana subió las colinas como maestro de función de unas cuarenta personas poco bregadas en este arte de reunir las yeguadas. Fue un ceremonial duro e intenso que propició las tardes de rapa.

09 jul 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

Las bestas jugaron este año con ventaja favorecidas por la niebla. Partidas como la de Francisco Javier fueron cubriendo el monte, rodeando las greas y llevándolas al curro do Peón con voces expertas que conducen y gritos inexpertos que inquietan a los animales. El monte es duro. El grupo de ganaderos del lugar se ve arropado por decenas y decenas de personas que colaboran en la recogida y conducción. Se estiran con las instrucciones de los expertos para crear cercos humanos en torno a las yeguadas buscando las que finalmente son reunidas en el curro alto. Para entonces muchos voluntarios ya abandonaron y otros se incorporan. El monte es duro para trabajarlo de siete de la mañana a media tarde. Muchos sí resisten. La recogida de las greas se acompaña también de jinetes que se sirven de animales ya domados para colaborar en la tarea. Muchas caras conocidas de año en año. El sábado entre otras, cabalgaba Susy, primera mujer aloitadora cuya imagen en el curro hace dos años dio la vuelta al mundo. Abajo, Sabucedo se va llenando de gente. Es una emoción distinta, pasiva, de aguardar la llegada y vibrar desde la grada con la lucha de los aloitadores por ganar la crin de las yeguas y dejar la marca en los potros, bien del Santo, bien de los titulares de yeguadas. La niebla dio ventaja a los caballos. La rapa se retrasó unos minutos. La irrupción en el curro de Sabucedo de los caballos, espectacular como siempre. La tradición convertida en ritual de cortar las crines y marcar cumplió todos los requisitos. Si acaso la ausencia de humedad ambiental nos privó este año de ver el esfuerzo traducido en aire vaporoso que cubre el curro y dramatiza el esfuerzo de la lucha noble del hombre y del animal. Nadie se mueve cuando salta un aloitador y los otros dos del equipo, con técnica depurada, tapan visión, hacen perder motricidad tirando de la cola, o adormecen la res mordiendo la oreja del bruto, ni cuando el hombre esquiva o recibe la coz del animal. Es una lucha de igual a igual. Hay nobleza.