El poder de los antiguos escribanos

C. GÓMEZ / F. RUBIA LALÍN

DEZA

ARQUIVO GÓMEZ BUXÁN

El fundador de la Casa, Juan de Quintana, ejerció el oficio de notario durante más de cincuenta años La antigua casa situada junto a la iglesia de San Xoan de Vilanova se constituye como una verdadera construcción pacega, tanto por su arquitectura, típica del siglo XVII en la comarca, como por su historia hidalga, ligada a un apellido muy escaso en la zona, los Quintana. Desde su fundación por parte de un escribano, hasta la disminución de su poderío, ya bien entrado el siglo XX, se sucedieron varias generaciones que dejaron para el recuerdo el testimonio de su nobleza, representando en el escudo, lamentablemente desaparecido, las armas de su linaje y de las familias con que entroncaron a lo largo de sus cuatro siglos de historia.

26 may 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

El origen del Pazo de Vilanova aparece bien definido al profundizar en la genealogía de sus poseedores. Sus raíces podemos situarlas a comienzos del siglo XVII, de la mano de Juan de Quintana, escribano real y Receptor de número perpetuo de la Real Audiencia del Reino de Galicia, oficios que ocupó durante más de medio siglo, ya que hallamos muestras de su actividad desde 1604 hasta 1656. Había casado con Catalina Taboada, procedente de Vilanova. Construcción de la Casa En un principio fueron vecinos del lugar de Quintá, en San Adrián de Moneixas, que llevaban de foro del monasterio de San Martín Pinario de Santiago y del de la Purificación de Pantón. Habitaron en esta parroquia hasta, aproximadamente, 1619, en que trasladaron su residencia definitivamente a la Casa de Vilanova, que posiblemente había sido construida algunos años antes, y en la que se asentó el matrimonio y sus descendientes. A finales del mismo siglo XVII era dueño de los bienes de Vilanova Juan Benito de Quintana, casado con Antonia de Ayazo Villardefrancos (nobles apellidos que testimonian su pertenencia a hidalgos linajes), de los cuales fue hija y heredera Genoveva Francisca Quintana, que enlazó con Juan Antonio González Páxaro, Procurador General de Deza. Entre los bienes de este matrimonio se encontraban dos casas en la Villa de Madrid (situadas en la Calle de la Madera Alta), que vendieron sus nietos.