Acorralada por los rumores de aldea

La Voz

DEZA

MARCOS MÍGUEZ

Silvia Williman, una joven que reside en Matalobos, niega que esté retenida y encerrada contra su voluntad Matalobos no es precisamente el prototipo de la aldea rural gallega. Es más bien una parroquia moderna con varios núcleos de población, y muchas viviendas unifamiliares diseminadas, en la que no cabrían historias de rumores y comentarios extendidos como los que acorralan a una joven hispano-argentina y a sus suegros. Silvia Williman sufre una larga depresión y ansias por aislarse, pero ayer quiso negar -personalmente- que esté retenida contra su voluntad, encerrada en casa o encadenada cerca de la caseta de los perros. Los rumores y afirmaciones sobre tal posibilidad obligaron a intervenir al juzgado.

24 may 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

F. S. CORDÓN A ESTRADA Silvia Beatriz Williman Niz nació en Argentina en 1970. A mediados de los ochenta pasó a residir en A Estrada, con su marido -se casó muy joven- y los padres de éste, todos argentinos. Tras la separación matrimonial, Silvia trabajó en la consulta médica de su suegro, residió unos meses en la villa estradense con una amiga y después volvió a la casa familiar de Matalobos, ya que mantuvo siempre una buena relación con sus suegros. Pero la separación matrimonial había marcado el carácter de la joven; entró en un proceso depresivo, que fue creciendo, como su deseo de aislamiento. Silvia mantenía ciertas relaciones sociales en la parroquia; participaba en la catequesis y en alguna otra actividad, pero a finales del pasado año su depresión -agravada por comentarios poco delicados de conocidos sobre su situación anímica- le llevó a enfermar, a recluirse en casa y a una situación crítica que obligó a sus suegros a llevarla al hospital y a recibir tratamiento siquiatrico. Fue dada de alta, con el consejo de mantenerse en un ambiente familiar, con apoyo, ayuda y calor humano. La reclusión voluntaria -u obligada por las circunstancias- de la joven en casa de sus suegros levantó múltiples comentarios y rumores en Matalobos; una amiga incluso sospechó cosas raras cuando quiso visitarla y no llegó a verla. Los rumores crecieron, se extendieron y llegaron a extremos insospechados. Unos señalaban que estaba retenida contra su voluntad, otros que era maltratada y algunos afirmaron que estaba atada junto a la caseta de los perros. Silvia se prestó ayer a negar todos los rumores. Explicó -con ciertas dificultades al hablar- su situación anímica, y que fue ella misma la que deseó pasar gran parte de día aislada, y junto a un televisor, en la sala de un galpón del fondo de la finca donde sus suegros preparan la carne, y la incidencia de la depresión en su deseo de no salir de casa para nada; negó cualquier trato improcedente de sus suegros, a los que agradece que la cuiden y acojan desde hace meses.