REGIONAL PREFERENTE El conjunto de Oreiro confirmó con su triunfo en Sanxenxo que el mal momento ha pasado El tiempo, para bien o para mal, siempre acaba situando a cada uno en su sitio. El Estradense se fue al fondo de la tabla con un juego y, sobre todo, un número de ocasiones que no eran merecedoras de la cuesta abajo que llevaban los rojillos hasta principios del mes de noviembre. En ese momento, la suerte comenzó a sonreir de forma tímida y los de Oreiro no perdonaron. Tres victorias, dos empates y una derrota es el balance que ha llevado a los estradenses, tras el triunfo ante el Vilalonga, a la cómoda undécima plaza
18 dic 2000 . Actualizado a las 06:00 h.El Estradense confirmó con su cómodo triunfo por 0-2 en Sanxenxo ante el Vilalonga que su crisis de resultados, que de no juego, ha pasado a la historia. Tímidamente la suerte ha empezado a sonreírle al cuadro rojillo que, con tres triunfos, dos empates y una derrota en el último mes de competición, ha escalado hasta una esperanzadora úndecima posición a sólo seis puntos del Pontellas, quinto clasificado, y lo que es más importante, con un significativo colchón de cinco puntos sobre los últimos clasificados. En la jornada de este pasado domingo, los jugadores estradenses borraron del campo de San Pedro a otro gallito como es el Vilalonga. El tercero que cae ante los de Oreiro en los últimos treinta días, después de hacer morder el polvo de forma consecutiva en A Baiuca a Marín y Arousa. Ahí es nada. El Estradense actuó ante los de O Salnés como fuese el equipo locatario. Asfixió a los rojillos en la parcela ancha y con rápidas llegadas comenzó a sembrar el peligro desde los primeros instantes. Rivas adelnató a su equipo a los cinco minutos, un tanto que se pudo incrementar con creces si algunos de los disparos envenenados de Uzal, José Antonio, Javicho e Imanol hubiesen encontrado el mismo camino. En la reanudación, el Estradense siguió siendo dueño de la situación y mantuvo el huy en la grada hasta los últimos minutos en que Uzal sentenciaba el encuentro. El Vilalonga no tuvo más remedio que doblar la rodilla.