Decir que el fútbol español adolece de falta de seriedad en su organización, no es novedad. Hace tiempo, años, que se repiten anormalidades que no se comprenden, al menos por nuestra parte. Son casos increíbles en los que no deberíamos insistir en A Coruña, donde lo sucedido en las últimas temporadas tampoco es fácil describirlo.
El fútbol español adolece de una elemental falta de seriedad y firmeza. Tanto que, en las bases de la cimentación que sostiene el tinglado (y lo de tinglado encaja perfectamente en este fútbol por la intriga y los líos que lo envuelven) surge una noticia presentada bajo este titular: «Campaña en defensa del Eibar», donde se incluyen unas sensatas declaraciones de Carlos Mouriz, director del Lugo, calificando de vergonzoso que el Eibar, líder actual de Segunda, sea excluido de la Liga, en el caso de no cumplir las condiciones que le impuso el Consejo Superior de Deporte, obligando al equipo vasco a disponer de 2.146.525 euros como capital social «para seguir compitiendo en el fútbol profesional».
El Lugo también tuvo que afrontar una ampliación de capital el año pasado para convertirse en Sociedad Anónima Deportiva. No se comprenden fallos de esta índole, repetidos una y otra temporada. Y menos todavía que se espere al tramo decisivo de la Liga de Segunda para apretar la soga a los participantes. Lo dicho: el fútbol español no conoce la seriedad.