Turno para el héroe inesperado que ansía regresar a casa

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ANDREW YATES | REUTERS

Fernando Llorente, ante su gran oportunidad en el Tottenham con las bajas de Kane y Son

30 abr 2019 . Actualizado a las 05:00 h.

El eterno suplente en el Tottenham, una peculiar conjunción de factores le ha devuelto a la picota. «Creo que el balón toca mucho más mi cuerpo que la mano». Fernando Llorente (Pamplona, 1985) venía de silenciar Mánchester a la salida de un córner, tras un error de Kompany, con un poco ortodoxo remate de cadera. «Desde un ángulo es mano», deslizó Guardiola. Tras el minuto largo de thriller en el VAR, Cakir validó el segundo pase de los Spurs a unas semifinales de la máxima competición continental.

Llorente había enmarcado su nombre partiendo, como casi siempre, de la banqueta. Salió, al filo del descanso, tras la lesión de Sissoko. Con Harry Kane en el dique seco -por un problema en el ligamento de su tobillo, que arrastra desde la ida ante el City- y la sanción del coreano Son, los galones apuntan a Llorente, como tercer delantero en discusión. Pero Pochettino no descartar renunciar a la ficha y otorgarle a Lucas Moura la disposición de falso 9. Ni siquiera la gloria del héroe le garantiza, sin competencia, la plaza.

Llorente participó en 19 partidos en lo que va de Premier. En ocho de ellos no llegó a disputar ni diez minutos. Apenas completó cuatro encuentros. Anotó un solo gol -ante el Watford- y lleva meses petando en el escaparate de San Mamés. «¿Volver al Athletic?. Por mí, sí» dejaba ya en su tarjeta de visita en diciembre. «Me gustaría mucho, pero no creo que me dejen salir ahora», apostilló días después, en pleno mercado invernal, como si solo se tratase de prolongar la despedida. Y, desde entonces, a cada pregunta no deja de repetir que le gustaría retirarse en Bilbao, en la misma plaza a la que se lo llevó Amorrortu con once años. Era alevín y no entrenaba con el equipo, lo hacía en su pueblo, la localidad riojana de Rincón del Soto. Solo jugaba las segundas partes.