Ana Alonso: «Siento mucho orgullo por mi camino hacia los Juegos Olímpicos, no fue fácil»
DEPORTES
«Me gritaron un montón cuando me salí de la zona de la última transición, pero pensé que seguían animándome; cuando fui consciente, quise subirme a lo alto de la grada y tirarme», reconoce tras haber ganado dos medallas de bronce
22 feb 2026 . Actualizado a las 18:31 h.Ana Alonso (Monachil, Granada, 1994) habla con sus dos medallas olímpicas de bronce al cuello como si ya las diera por hechas en cuanto certificó que competiría en los Juegos Olímpicos de Invierno en Milán-Cortina d'Ampezzo (Italia). La esquiadora de montaña granadina, hija de Sierra Nevada, sintió ya entonces que todo el camino hasta allí y los obstáculos durante el mismo habían merecido la pena. Los metales, recuerdos de la experiencia, parecían lo de menos. Había vuelto a superarse a sí misma una vez más, y los bronces no eran más que el agradecimiento a quienes nunca perdieron la fe en ella.
—Doble medallista olímpica. ¿Sigue en la nube?
—Estoy muy contenta. Hicimos algo histórico para nuestro deporte y para el país, y todavía creo que no somos muy conscientes de la magnitud de lo conseguido. Cuando volvamos a España empezaremos a asimilarlo.
—¿Cómo fueron las horas posteriores al segundo bronce?
—Todo está siendo muy intenso. Desde el propio esprint individual del jueves, porque queríamos celebrarlo pero había que bajar a la tierra al quedar el relevo mixto del sábado. Al terminarlo nos quitamos ya toda la presión de encima y pude saludar a todas las personas que vinieron y que me hicieron sentir tan arropada. Fue todo muy bonito. Luego, además, también lo celebramos por la noche (ríe).
—¿Siente que ha merecido la pena ya tanto sacrificio?
—Todo el esfuerzo cobró sentido en cuanto supe que iba a estar en los Juegos Olímpicos y en condiciones como para poder competir bien. Viví muchas emociones, y protagonizar el debut olímpico de mi deporte fue increíble. Conseguir las medallas culmina ese sueño.
—¿Cómo fue subir al podio?
—Sentí mucha felicidad, y sobre todo mucho orgullo por el camino que me llevó hasta allí. Todos sabemos que no fue fácil, pero que era el mío. Tuve justamente enfrente a toda mi gente y quería decirles que esas medallas eran por ellos, por todos los que me ayudaron a llegar hasta ahí.
—Su historia de superación empieza desde bebé, cuando superó una meningitis...
—Sí, así es. Estuve uno o dos meses hospitalizada y mi madre dice siempre que los médicos le dijeron que aquello sería un milagro para los creyentes porque la ciencia no podía explicar lo que había pasado. Todos estos obstáculos me forjaron como la persona que soy, y tampoco cambiaría mi camino porque hubo también momentos muy bonitos y muchas personas especiales.
—El propio Oriol Cardona fue otra de las personas que siempre creyó en su recuperación, habiendo pasado por algo parecido años atrás...
—Sí, siempre, me apoyó desde el primer momento. Y ya en la Copa del Mundo en Boí Taüll, cuando conseguimos una medalla de plata, vio que estaba como para que pudiéramos competir por el podio juntos en los Juegos Olímpicos.
—¿Qué le pasó en la última transición?
—Estaba completamente exhausta, pero quería luchar por el oro porque no queríamos conformarnos ni con la plata ni con el bronce, pero no veía bien al bajar y al llegar a la zona delimitada me confundí con la línea de salida. Todo el mundo empezó a gritarme un montón, pero pensé que seguían animándome, y por eso fui aún más lenta con los cambios. No fui consciente de la que estaba liando hasta que vino un técnico a decírmelo, y en ese momento quise subirme a lo alto de la grada y tirarme y desaparecer; luego nos reímos viendo las imágenes repetidas.
—Siguieron pendientes de la penalización...
—Veíamos la tarjeta amarilla durante todo el último tramo de Oriol, pero no sabíamos de cuánto podía ser la sanción y nos tuvo en vilo. Si llegaba a 30 segundos, que podía ser, habríamos perdido el podio por un fallo tan tonto. Lo pasé peor en esos diez minutos que incluso compitiendo. Cuando nos lo confirmaron, a falta de oficialidad, nos pusimos a gritar.
—Sí estuvo inapelable en la prueba individual al esprint.
—Tuve una mentalidad muy positiva porque sabía que no tenía nada que perder ni que demostrarle a nadie y confié en mi manera de competir, en la que me funciona. Me sentí muy fuerte y con mucha seguridad en mí misma, y en la final jugué mis cartas y aproveché el fallo de la francesa Margot Ravinel en la última transición para ganar la tercera plaza. Bajando miré hasta tres veces atrás para comprobarlo porque pensaba que seguro que se había colado alguien (ríe).
—Renunció a competir con la rodillera finalmente...
—Sí, esa era mi idea desde el principio por el peso añadido tan importante que suponía. No dejaba de ser un trasto muy aparatoso encima, aunque quizás también hubiera conseguido las medallas con ella puesta, pero confiaba en mi rodilla y en que podría aguantar las bajadas. Al esprint tuve un resbalón al subir los primeros escalones, pero me di en la otra.
—¿Qué le dijo su entrenador, Javier Argüelles, después de la primera medalla?
—Que eso no estaba en los planes (ríe). Y yo le respondí que cómo que no, si él había creído siempre en mí, y más incluso de lo que yo misma pudiera creer. Hizo todo lo posible para que pudiera llegar competitiva a estos Juegos Olímpicos y también dejó muy de lado a su familia por estar conmigo, así que no merecía menos.
—Acabó rendido a sus méritos hasta el mismísimo Pau Gasol.
—Ese momento fue bastante épico. Creo que iba hacia el baño, después del bronce individual, y de pronto vi a un hombre muy alto. Repetí su nombre como diez veces hasta darme cuenta de que estaba buscándome a mí. Le admiro mucho como referente del deporte español y recuerdo ver sus partidos de pequeña. Me dijo que tenía que estar muy contenta por todo lo conseguido después de tantas lesiones y que lo disfrutara.
—Movilizó hasta cuarenta incondicionales que viajaron para apoyarla...
—Cada vez que miraba a la grada y levantaba un poco la mano les veía, y ocupaban media grada porque se unían además con los familiares del resto. Solamente pensaba en acabar con el antidoping y la prensa porque ellos eran quienes merecían celebrarlo conmigo.
—Tuvo a media Sierra Nevada en Italia.
—Es mi casa, y mi padre dejó un legado muy importante allí. Nos sentimos una familia muy querida en la estación, y eso me da mucha fuerza.
—¿Piensa ya en nuevos retos deportivos a futuro?
—Por lo pronto quiero volver a casa y descansar. No sé si aguantaré otro ciclo olímpico completo, hasta los Juegos de los Alpes franceses en el 2030, aunque ojalá que sí.