Ilia Malinin realiza un salto prohibido durante 50 años para colgarse el oro en los Juegos de Invierno

Javier Varela COLPISA

DEPORTES

Ilia Malinin, celebrando la medalla de oro conseguida en los Juegos Olímpicos de Invierno.
Ilia Malinin, celebrando la medalla de oro conseguida en los Juegos Olímpicos de Invierno. Neil Hall | EFE

El patinador estadounidense realizó un backflip, un movimiento que no estuvo permitido en medio siglo, para dar a su equipo el primer puesto

09 feb 2026 . Actualizado a las 18:04 h.

Ilia Malinin irrumpe en el hielo del Milano Ice Skating Arena y, por un instante imposible, el tiempo se detiene. El rugido del pabellón se apaga, las banderas quedan suspendidas como si alguien hubiera pulsado el botón de pausa y un chaval de 21 años, 1,73 de estatura y apenas 63 kilos, se inclina sobre la cuchilla izquierda de su patín. Son cuatro milímetros de acero sosteniendo más de 200 kilos de impulso. Desde ahí se lanza hacia el vacío y dibuja en el aire un mortal hacia atrás que los reglamentos desterraron durante medio siglo por su peligrosidad y sus fatales consecuencias. Cuando sus pies regresaron al suelo, Milán-Cortina ya tenía una nueva postal olímpica y Estados Unidos una medalla de oro por equipos.

La escena parecía sacada de una película de superación deportiva. Ilia Malinin, llamado a rescatar a su equipo en la prueba por equipos, decidió arriesgar con un movimiento que muchos consideraban una reliquia peligrosa del pasado. El backflip —mortal hacia atrás— había sido vetado durante casi cincuenta años, pero la norma se flexibilizó hace un par de años y el joven prodigio estadounidense quiso convertir la oportunidad en toda una declaración de intenciones para entrar en la historia olímpica.

Hijo de dos antiguos patinadores que compitieron bajo bandera uzbeka, Malinin creció entre vestuarios con olor a resina y madrugones de pista vacía. En Fairfax (estado de Virginia), donde creció, aprendió a caer antes que a leer y a levantarse antes que a perder el miedo en una pista de hielo. Ese equipaje lo llevó al hielo italiano con una mezcla de descaro adolescente y precisión de cirujano. Su programa incluyó cinco saltos cuádruples y un triple Axel que arrancó aplausos prematuros, pero todo quedó eclipsado por el salto prohibido.

Djokovic, alucinado

Desde la grada del Milano Ice Skating Arena, un invitado de lujo se llevó las manos a la cabeza. Novak Djokovic, ganador de 24 Grand Slam y acostumbrado a presenciar proezas deportivas, miraba incrédulo cómo el patinador estadounidense aterrizaba el mortal hacia atrás sobre una sola cuchilla, limpio, sin titubeos. Los jueces anotaron 200,03 puntos, por delante del japonés Sato Shu y del italiano Matteo Rizzo, y el oro por equipos cambió de dueño.

El gesto tenía también un eco histórico. En Montreal 1976 —hace 50 años— un pionero había osado hacerlo por última vez en unos Juegos; dos décadas después otra patinadora lo utilizó como protesta y fue castigada. Malinin no lo rescató scomo reivindicación sino como reto: «Quería mostrar hasta dónde puede llegar este deporte», dijo al ser preguntado por ese backflip que ha entrado en la historia.

Las redes se llenaron de repeticiones a cámara lenta: el despegue, el giro perfecto, el aterrizaje silencioso. Más que un truco, fue un recordatorio de que el patinaje sigue siendo territorio de exploradores y de valientes. Con su salto, el estadounidense no solo aseguró un oro para su país; escribió una página en la historia del patinaje y de los Juegos al ser el primero en ejecutarlo con recepción de una sola cuchilla.