El equipo azulgrana superó a un Real Madrid que vendió cara su piel
24 ene 2026 . Actualizado a las 21:27 h.El Barça no se cansa de ganar y sigue siendo hegemónico en el fútbol femenino español, pero el Real Madrid sigue empeñado en acercarse cada día un poco más y poder celebrar quizá más pronto que tarde su primer título. Así quedó demostrado en la final de la Supercopa que las catalanas ganaron este sábado a las madrileñas, no sin dificultades, fruto de un gol de la neerlandesa Esmee Brugts, de cabeza, a la salida de un córner, en el primer acto, y de un penalti transformado por Alexia en el descuento final.
Es indudable que el equipo de Pere Romeu se mereció ganar y el Barça levantar así su sexto trofeo de supercampeón en otras tantas finales disputadas, pero no es menos cierto que el conjunto de Pau Quesada vendió cara su derrota y estuvo siempre muy metido en la final.
Jugaban las blancas muy concentradas y atentas en todas las vigilancias, pero el Barça las sorprendió en un saque de esquina, lo que aún duele más siempre al equipo inferior. Balón bien tocado desde la izquierda Brugts cabecea a placer, fatal defendida por la francesa Feller. A diferencia de otras ocasiones, las merengues no se vinieron abajo con ese tanto encajado en una jugada de estrategia, siguieron con su meticuloso plan y merodearon incluso el empate antes del descanso.
Fue fruto de un disparo lejano de la alemana Sara Däbritz que parecía perderse pero fue bajando hasta acabar golpeando por encima del travesaño. El duelo se abrió mucho más tras la reanudación. Normal por el resultado y por la fatiga de las contendientes. Pudo sentenciar el Barça, pero Misa Rodríguez estuvo inmensa para evitar sendos goles cantados de la polaca Ewa Pajor y de Claudia Pina. El Madrid seguía muy vivo gracias a la portera grancanaria y en los contraataques generaba también peligro, sobre todo por la velocidad de Caicedo.
Las blancas reclamaron un penalti por supuesta mano de Irene Paredes, pero tras la revisión en el VAR fue evidente que el balón le golpeó de lleno en el estómago. Y murió el duelo como se suponía, con triunfo culé, pero con más igualdad que nunca.