Descendiente de gallegos de Touro, fue campeón de Europa mini en karts y acaba de subirse al podio en Sudáfrica en la gran final de la Fun Cup
01 mar 2026 . Actualizado a las 05:00 h.La European Fun Cup es una competición de carreras monomarca que creó Franz Dubois en 1997 en Bélgica. Compiten monoplazas de carreras con una carrocería inspirada en el Volkswagen Beetle. La última edición en la categoría pura (aquella en la que todos los pilotos corren exclusivamente esa prueba) tuvo como ganador a un joven con apellidos gallegos. Evan Becerra Castro (Bruselas, 2003) disputó luego en Sudáfrica la gran final. Contra muchos pronósticos, acabó tercero y estuvo cerca del segundo. «Vinieron pilotos de GT3 a decirme que había hecho una carrera increíble. Para mí no hay nada mejor que eso. Fue una gran experiencia», rememora. «Era casi imposible hacer un podio con el coche que llevábamos y se hizo», dice José Luis, su padre, descendiente de emigrantes de Touro a Bruselas.
Evan lleva toda la vida al volante. Empezó con tres años en karts. «Con 10 fui campeón de Europa y a los 13 de Bélgica». Después se pasó a los coches. «Es un deporte muy caro, así que acabé creando mi propia escudería», cuenta José Luis. Primero compitieron en la Citroën C1 Cup y de ahí se pasaron a la Fun Cup. «Todos llevan el mismo motor, un dos litros gasolina. La caja de cambios también es la misma. Lo que cambian son los módulos de gestión. Los hay más modernos. Nosotros no lo tenemos porque supone un gasto de entre 20.000 y 30.000 euros y es demasiado dinero», prosigue José Luis.
«Es un deporte carísimo. Aunque tengas resultados no recuperas. Tampoco estoy seguro de que si llegas a ser profesional en la GT3, o más arriba, realmente ganes dinero. Compites gratis, sí. Pero que te dé para vivir de eso hay que olvidarse. Vamos a abrir con la escudería un centro de simuladores y de entrenamiento para pilotos que empiezan. Puede ser para Evan una forma de ganarse la vida y seguir compitiendo», mantiene el padre.
El objetivo de las 24 de Le Mans
Su hijo lo escucha a medio metro. «Cuando era pequeño, me ilusionaba con llegar algún día a la fórmula 1. Ahora sé que es casi imposible. Mi sueño sería llegar a correr el WEC (Campeonato Mundial de Resistencia). Entrar en el GT4 sería otro paso grande. Ojalá pueda probar esta temporada un GT3, un Porsche, un coche más profesional», razona Evan. Su progenitor vislumbra el corto plazo. «No he llamado a Carlos Sainz para tener el mismo patrocinador (risas). Si pudiera llegar a hacer algún día las 24 Horas de Le Mans sería algo extraordinario. Ese objetivo me gustaría cumplirlo. Este año intentaremos probar ya la GT4 y repetiremos en la Fun Cup». La temporada comienza en abril y acabará en el circuito estadounidense de Daytona en diciembre.
Padre e hijo guardan de todos estos años una infinidad de recuerdos conjuntos unidos al motor. «Es mucho trabajo porque sacamos 72 horas a la semana, pero esta es una forma de aprovechar la vida. Lo más importante para mí es la experiencia que me permite compartir con Evan. Es muy gratificante afrontar las competiciones juntos. Viajar, quedarnos por la noche a hablar de cualquier cosa, preparar el coche», relata José Luis.
De Galicia no se olvidan. «Vamos todos los años en verano. No hemos faltado uno solo», comenta el padre. Evan asiente. «Yo aprovecho para estar sin teléfono y sin datos. Me encanta escaparme al monte con la bici, comer buena carne, que aquí no tenemos, y una tapa de pulpo. Para mí Galicia es un sitio en el que no puedo dejar de estar. Si no voy, no me siento bien».