La sanadora goleada ante un Mónaco transparente obra un milagro en el Bernabéu, que pasa del desastre, los abucheos y la pañolada a pensar en la decimosexta
21 ene 2026 . Actualizado a las 19:20 h.«El Real Madrid siempre va a ser favorito en la Champions. Hay muchos y muy buenos equipos, pero esta es la competición del Real Madrid y eso lo sabemos». Esta sentencia de Álvaro Arbeloa tras la relajante noche de baño y masaje de su equipo ante el Mónaco no deja de ser una verdad como un templo, pero resume la montaña rusa en la que está subido este curso el conjunto blanco... o negro, sin grises. Del ridículo en Albacete, la pitada histórica del Bernabéu al equipo, con especial mención a Vinicius, Bellingham, Valverde y Huijsen ante el Levante, los pañuelos y hasta algunos cánticos de Florentino dimisión, se ha pasado en solo un partido al «cómo no te voy a querer» y la licencia para soñar con la decimosexta orejona. Es el Madrid hiperbólico en estado puro.
Cierto que el duelo ante el Mónaco dejó claves que alivian y animan a pensar en que la reconstrucción, pero conviene recordar también que hace poco más de dos semanas, el Real Madrid de Xabi Alonso le endosó un 5-1 al Betis con triplete de Gonzalo que parecía el despegue definitivo, pero solo preludió la mala imagen pese al triunfo en la Supercopa ante el Atlético, la derrota frente al Barcelona, la destitución del técnico guipuzcoano, el ascenso desde el Castilla de su amigo Arbeloa y el batacazo copero en el Carlos Belmonte.
Lo mejor del choque europeo, que deja al Madrid a un paso del top 8 si no falla en Da Luz ante el Benfica de Mourinho, fue la actuación por fin descollante de Vinicius, autor de un golazo, el primero en el Bernabéu tras 108 días de sequía, dos asistencias y el pase que acabó en el tanto en propia meta de Kehrer.
También, el crecimiento en defensa y ataque de Arda Güler y los mejores minutos de Franco Mastantuono y la presión tras pérdida en algunas fases. Lo de Mbappé, siempre pendiente de darle cariño a Vini y mostrar que la sociedad funciona dentro y fuera del campo, ya no es ni noticia. Con su doblete para abrir el camino de la goleada, no en los minutos de la basura, ya suma once goles en seis partidos de Champions y 32 en los 27 encuentros en los que ha participado este curso.
Pero hay matices en el partido ante el tierno equipo que conduce el belga Jean Pocognoli que invitan a la reflexión, al análisis mesurado. En primer lugar, la paupérrima versión ofrecida por el Mónaco, el rival más manso en defensa al que se ha medido este curso el Real Madrid. Nadie dejó tantos espacios para correr a los astros blancos y fue menos intenso en las vigilancias como este blandengue equipo francés que no se asemeja al del curso pasado.
Mesura y reflexión
Las estadísticas de la UEFA reflejan algunos datos que no debería obviar Álvaro Arbeloa. La pegada de los madrileños fue descomunal, pero los números reflejan 25 llegadas del Real Madrid frente a 20 del Mónaco y hasta cinco paradas de Thibaut Courtois y un disparo al travesaño por solo una intervención del meta suizo Philipp Köhn.
En la distancia recorrida, ganaron los franceses, que trazaron 113,5 kilómetros, 2,3 más que el equipo merengue. Este Mónaco está cerca de no clasificarse entre los 24 mejores, venía de perder en la Ligue 1 por 1-3 ante el Lorient y en el torneo de le regularidad deambula por la mitad de la tabla, a 20 puntos del Lens, líder, y con nueve derrotas en 18 partidos.
Fue tan bochornosa su imagen en Chamartín que a sus jugadores se les acusa incluso de terminar intercambiándose camisetas con sus rivales y hasta sonriendo, como si la debacle no fuera con ellos. Solo les faltó pedir autógrafos a Mbappé, Vinicius y compañía.
Celebraciones polémicas
Pese al alivio de la goleada, la polémica sigue instalada en el Real Madrid. Esta vez por culpa de las celebraciones de Vini y Bellingham tras sus goles. El brasileño porque ni se dirigió a la afición, corrió hacia el centro del campo, hizo piña con sus compañeros y corrió a abrazarse a Arbeloa.
«No fue un abrazo a mí sino a todo el madridismo», trató de zanjar el técnico salmantino, que esta vez apeló a la unión y no a la división entre quienes pitan al presidente, y a su juicio no quieren al Real Madrid, y los que están a muerte con Florentino.
En el caso del inglés, marcó el sexto e hizo repetidas veces el gesto de beber empinando el codo en respuesta a los bulos de quienes le acusan desde el anonimato en redes sociales de ser un asiduo de la noche madrileña.
«¿Mi celebración? Mucha gente dice muchas cosas. Puedes llorar o disfrutarlo. Les devolvió la broma a los fans. Sé la verdad», justificó Jude. Además, habló de los pitos recibidos el pasado sábado ante el Levante por parte de su propia afición.
«Siempre he dicho que los aficionados trabajan toda la semana, pagan para venir aquí y tienen derecho a hacer lo que quieran», valoró. Por otro lado, defendió a Vinicius. «Ha estado realmente acertado. Nunca dudo de él. Es un jugador que brilla cuando recibe cariño. Cuando los aficionados le demuestran su cariño, él pasa a otro nivel», comentó el británico. Hoy todo es alegría, pero Vinicius y Jude Bellingham corren el riesgo de que este tipo de reivindicaciones se les vuelvan en su contra.