Tras los dos guantazos a mano abierta de las dos primeras jornadas, prodigiosos sí, poéticos poco, el Obradoiro se ha convertido en la máquina de ganar partidos que se le presuponía esta temporada (y la anterior). Epi cuenta con una rotación de diez jugadores (Barcello, el más utilizado, no llega a 24 minutos por partido y Quintela, el décimo, ronda los 18) y 5 que anotan, partido sí, partido también, más de 10 puntos: Barcello, Barrueta, Westermann, Dos Anjos y Kravic.
Pero esta buena dinámica no acaba de despejarme algunas dudas que los enfrentamientos contra Coruña y Palencia (equipo al que se le está poniendo cara de Obradoiro la temporada pasada) disiparán o acrecentarán, empezando por la lesión de Lundqvist y la llegada de Micah Speight, un base «más base», que puede aportar mucho, pero que trastoca el planteamiento inicial de dos bases grandes para compensar la poca estatura de Barcello y Quintela.
Tampoco sé que pensar de nuestros cuatros. Es cierto que, en el baloncesto actual, es una posición que anota «haciéndose el longui», alejándose de la jugada para alargar las ayudas y terminar siendo quien recibe para tirar liberado. No sé si somos tan buenos que no necesitamos llegar a ese pase extra o si no lo damos por necesidad.
Quiero ver también la respuesta, especialmente en defensa, de Dos Anjos y Kravic frente a cincos más fuertes físicamente y, sobre todo, la respuesta colectiva ante el mal endémico de toda la temporada: ganar el rebote defensivo o enfrentarse a la soledad salvaje del sacador de fondo, que aprieta.