De cría, la jugadora, autora de dos goles en la final de la Liga de Naciones, entrenaba su puntería chutando a un peto colgado en una pared
02 dic 2025 . Actualizado a las 21:53 h.Claudia Pina convirtió esta noche el estadio Metropolitano no solo en un escenario en el que volver a demostrar una vez más el don que posee, sino también en la terraza de su casa. Aquella en la que se crio siendo una niña y en la que confeccionó y practicó su disparo. Ese que tanto ha cautivado. Cogía una escalera, se subía a ella para colgar un peto a la pared, apuntaba hacia él y chutaba. Una y otra vez. Esta noche, en la escuadra de Ann-Katrin Berger, volvió a ver aquel peto.
«De los que me gusta, chutando de lejos», resumió Pina sobre sus goles. Escueta en los micrófonos. Se había vaciado en el verde. Y la recompensa le llegó en forma de trofeo por partida doble: logró su primer título con la selección y fue elegida mejor jugadora de la final de la Nations League. Un nuevo reconocimiento, de manera indirecta, a su paciencia. Pasó por todas las categorías inferiores del Barcelona hasta firmar su debut con el primer equipo. Fue en el 2018, con 16 años. Y no fue hasta la temporada pasada cuando Claudia vivió su consagración.
La salida de Mariona al Arsenal llegó en el momento oportuno. Le abrió las puertas de la titularidad a una Pina que llegó a deslizar que, si no hubiera dado un paso adelante en el Barça, habría tenido que buscar un nuevo destino. «Son muchos años con pequeñas dudas. Hubo momentos en los que el entrenador no confió en mí. Pasó por mi cabeza irme», reconoció en una entrevista en El País. Trabajó con un nutricionista, un preparador físico y un psicólogo fuera del club para mejorar. Y, sobre todo, decidió tener paciencia.
La misma que con la selección. Porque formó parte de las 15 y quedó relegada del ya histórico Mundial en Sídney. Ahora se ha hecho con el extremo izquierdo en España. Un crecimiento asentado que le ha llevado de ser una promesa a una realidad.
El mismo paso al frente que dio Pina, lo dio su madre, Beatriz. A principios del 2024 en Montcada i Reixac, su pueblo, abrió el bar Gol en homenaje a su hija. En las pareces lucen sus elásticas. «A mi madre la disfruto cada día que puedo», reconoció Claudia. Una de esas jugadoras que viven a la sombra de otras más mediáticas, pero que derrocha talento, cualidades y gol. Un don.