Tim Shea: «Tengo más suerte que nadie en España»

El entrenador y analista, residente en Lugo, se codeó con lo más granado del baloncesto tras alejarse de su gran pasión: el béisbol


Fue entrenador del OAR, del Ourense o del Breogán. Estuvo al frente de la sección del Atlético de Madrid de baloncesto que puso en marcha Gil. Trabajó para los Knicks, Phoenix Suns y Charlotte Bobcats. Le llevó la contraria a Michael Jordan. Tim Shea (Nueva York, 1949) podría encaja en la definición de iconoclasta, de rebelde, de revolucionario. O tal vez en ninguna de ellas, juzguen ustedes. Deja el partido de snooker en pausa para atender a La Voz.

-¿Así que le gusta el snooker?

-Es muy interesante verlo por la tarde, cuando estás trabajando. No hay muchos comentarios, al contrario que en el fútbol. Me he aficionado en los últimos años, me gusta porque es tranquilo y un buen deporte. ¿Lo conoce? Estos tíos ganan la hostia de dinero. Estoy viendo a O’Sullivan que es uno de los mejores de la historia. Es muy divertido. Y táctico. Me gusta ver la gente que hace las cosas muy bien.

-¿Y qué más ve?

-El golf americano, tenis un poco porque me gusta ver al chico este de Mallorca [por Nadal], fútbol nada, béisbol todo el año y baloncesto solo los play off de la NBA y algo la ACB.

-¿Nada de temporada regular?

-Lo que me gusta es ver a los equipos con nuevos talentos. Veo al mismo equipo durante todo el año. Como Miami, que este año estaba creciendo. Boston me ha gustado, pero creo que tienen menos química.

-Miami está en la final con Butler como estrella, un tipo difícil que ha tenido problemas allá por donde ha estado.

-Jimmy Butler tiene un carácter fuerte. ¿Difícil? Estas palabras para mí… Hay niveles de difícil. Están los que pegan a su mujer o le dan a las drogas, eso es malo. Él es complicado, pero no hay nadie en la Liga que trabaje más. Ni directivo, ni jugador, ni nadie. Lo que pasa en muchos sitios es que si no eres parte del problema, es que eres el problema.

-En Filadelfia acabó fatal.

-Acabó mal también en Minnesota, porque no trabajan bien. Él quiere estar en un equipo campeón, no quiere medias tintas.

-¿Ha zanjado el debate sobre si era suficientemente bueno para ser la referencia de un equipo ganador?

-Referencia es, más bien, en cada club, quién manda. En Miami manda Pat Riley. No hay otros Pat Riley hoy en día pese a que están Danny Ainge o Popovich. Los directivos cambian tanto en la NBA… Pat Riley, cuando está ahí le dice: «Jimmy, entra en mi despacho mañana». Y ya está. Philadelphia 76ers… Mira lo que ha hecho en los últimos quince años… Mira New York. Y esto no es culpa de los jugadores.

-Y eso que los Knicks llegaron a fichar a Phil Jackson.

-El problema es que, si lo conoces, sabes que Phil Jackson es un gilipollas (se ríe). A Phil Jackson le importa un huevo todo lo que no sea Phil Jackson. Cuando él estaba en Chicago, el general manager Jerry Krause, cuando hacía los equipos, lo invitaba para que viese cómo se hacía. Phil Jackson decía que ese no era su trabajo. Cuando llegó a Nueva York demostró que no tenía ni puta idea de qué hacer.

-Eso contradice un poco lo que se cuenta en el documental «The last dance», ¿lo ha visto?

-No. Es todo pocketmarketing. Perdone. El productor era Nike, macho. No lo vi, no lo puedo comentar. No me interesa. Conozco a Michael, como jugador me gustaba, como me gustaban muchos otros.

-Usted es conocido por el baloncesto, pero en realidad viene del béisbol.

-Sí, igual que Danny Ainge o Jerry Krause. Por crecer desde ahí tuvieron otra ventajas. El béisbol es el deporte más complicado y simple al mismo tiempo que hay en el mundo. Valorar jugadores en un equipo es muy importante. Lo que hizo Jerry Krause luego en los Chicago Bulls fue inventar papeles específicos con perfiles psicológicos específicos. Y a veces tirar a los dados. Porque a veces, cuando hay un equipo que es fuerte y que tiene química, un mandón como Michael Jordan en el vestuario puede poner en vereda hasta a un Dennis Rodman. Porque Rodman era complicado, pero malo no.

-No, ya...

-Malo era el gordo este de Detroit, ¿cómo se llamaba el tipo blanco y grande que pegaba hostias?

-¿Bill Laimbeer?

-Ese sí. Ese sí que era un cabrón. Hacía los trucos esos, te levantabas y te metía una hostia en la cara.

-Pues en España... Béisbol, poco.

Es una pena. Creo que es un problema de la televisión, que no lo han explicado nunca bien. Me confunde que haya tantos latinos en el béisbol americano, que son los mejores, que en muchos países latinos el béisbol sea el deporte número uno y aquí es una mierda. Ni llega al nivel del golf, ni al del ping pong.

-Usted dijo «no» a un contrato con los Yankees para ir a la universidad y acabó cogiendo el tren del baloncesto en vez del tren del béisbol, ¿se arrepiente?

-Intento que no. Al final, he estado sentado con Michael Jordan, en la ACB con Walker Berry, Jesús Gil, Juan Fernández, Nate Davis… ¡Cojones!, yo tengo más suerte que nadie en España. Es como el primer amor. ¿Lo dejaste, no? Pero nunca lo vas a olvidar, ya sabes. El baloncesto me ha tratado muy bien y estoy encantado con las cosas que me han sucedido. Con otras menos. He conocido mucha gente, buenos o malos. Mi hija nació en Lisboa, es benfiquista... No me preocupa el baloncesto ahora. Todo el mundo está haciendo más o menos el mismo baloncesto, así que lo normal es que el que tenga más dinero sea el que vaya a ganar. Yo entiendo que si tu tienes mucha pasta y yo tengo la mitad, no puedo intentar hacer el mismo baloncesto que haces tú, porque voy a perder.

-¿Qué le parece el Obradoiro?

-El Obradoiro es la Casa Blanca, macho. Por favor. Pregunté una vez, por qué aquí había solo dos negros en cada equipo y me dijeron que si hubiese más habría que preocuparse por el black power. Yo alucinaba y no entendía si era ignorancia, racismo o los dos. Pero para mí el baloncesto actual es, sobre todo, aburrido. Si vas a hacer baloncesto abierto y atlético, te hacen falta atletas. Puedes ganar un día si tiras muy bien, pero los días que no tires muy bien estás frito. No sé qué afluencia de público tiene el Obradoiro, pero creo que cada año pierden gente y es porque no dan espectáculo. Juegan a cámara lenta para mí.

-¿Le gustaba más la época de Lambeer dando leña en la pintura?

-No hablamos de estilos, hablamos de composiciones de los equipos. Es la Casa Blanca. No importa lo que haces. Si vas a hacer algo, hazlo muy bien. Evidentemente, cada entrenador tiene su toque individual. Entre Fisac, Moncho y Pablo Laso hay muchas diferencias, pero más o menos están todos jugando el mismo baloncesto. ¿Por qué? Porque la Liga lo quiere. ¿Por qué? Porque ellos creen que es espectáculo, porque un triple es como cantar «gooooooool, goool, gooool». Es un error. Los descensos son un error. Lo de subir y bajar me parece una cosa poca pensada. El Obradoiro o cualquier club que ofrezca espectáculo va a tener aforo. Yo lo hice hace 25 años en Ourense con un equipo con cinco afroamericanos.

-Aquello llamaba mucho la atención. Ourense con un quinteto de negros.

—Nunca nadie en España había puesto a cinco afroamericanos en pista. Tenían una química especial entre ellos. Es algo que está por encima de la disciplina táctica de los blancos. Creo que los blancos aprenden a jugar y los afroamericanos saben jugar.

-Usted fue entrenador del Atlético de Madrid, en aquella efímera aventura colchonera en el baloncesto.

-Sí. Firmé un contrato con Gil por dos años con un salario y unas condiciones muy buenas. Las mejores que tuve y al nivel de los mejores de España. Firmé en mayo y a principios de junio me enteré que habían sacado del club a Gil y que los nuevos decían públicamente que no sabían quién era yo. No respetaron mi contrato, fuimos a los tribunales, un cachondeo, de un día para otro mi contrato era papel higiénico.

-¿Y cómo fue su relación con Gil?

-Era un hombre de mucho carácter, que tenía muchas ideas pero que sus costumbres eran de fútbol. Conmigo fue bien. Me dicen que fue bien porque ganamos. Cuando llegué allí había 24 equipos o 28 en ACB y dos grupos. Ganamos muchos partidos seguidos y me trató muy bien, pero él quería entrar en el vestuario. Yo le dije que si quería entrar en el vestuario debía entrar siempre o nunca. Me decía que no podía ir a todos los partidos y le dije que entonces esperase. Esperó hasta los play off y en el primer partido contra el Girona, entró y echó un speech de 20 minutos que nadie quería oír (ríe). No, pero bien, bien. Ganamos en Girona y perdimos contra el Juventut de Lolo Sainz que acabó ganando el título. Nos clasificamos para la Copa Korac y de un día para otro me vi en la calle con una hija y mi mujer.

-Nació en Brooklyn pero vive en Lugo, ¿por qué?

-Porque se vive bien. Hace año oí eso de «para comer, Lugo» y estoy de acuerdo. Vivo en un dúplex mirando al oeste y estoy en contacto con Turquía, tenemos un contrato con la NBA por cinco años para hacer cosas allí. Hablo con gente de la NBA diariamente y tengo las noches para escribir mi libro «Yo solo quería jugar tercera base».

 En corto

Tim Shea es una tormenta de argumentos y cuesta frenarle. Su discurso es arrollador, pero lúcido.

-¿Prefiere a un buen anotador o a un buen defensor?

-Un anotador.

-¿Jordan o Kobe?

-Jordan.

-¿Bird o Magic?

-¿Naranjas o manzanas?, esa es mi respuesta.

-¿Cuál ha sido la mejor época para el baloncesto?

-Cuando la economía estaba bien. Cuando la economía española iba bien, el baloncesto estaba bien en España. Cuando hay crisis, lo primero es el fútbol. Lo entiendo, es como en Estados Unidos. El rey no es LeBron James, es el béisbol.

-¿A qué jugador de la NBA le hubiese gustado ver en Europa?

-A Larry Bird.

-¿Y a qué europeo en la NBA?

-Más a Sabonis. Se fue muy tarde.

-¿Un paseo por Central Park o por la muralla de Lugo?

-Debo decir Central Park.

-¿Qué tipo de música escucha?

-Solo hay dos tipos. Buena y mala. Y yo voy por la buena. Soy muy aficionado a Bob Dylan. Aunque le recomiendo escuchar a Sade Adu. Póngase «Somebody already broke by heart».

-Si le invitan a algo, ¿qué se pide?

-Un albariño si es con alcohol. Si no una tónica.

-¿Exponga rápidamente su conclusión de la pandemia?

-Solo los más fuertes van a sobrevivir.

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