Grave error de Novak


De las excepcionales condiciones tenísticas de Novak Djokovic no puede dudar nadie que entienda algo de deporte. No es casualidad que encabece la clasificación mundial, y que compita con Rafa Nadal y Roger Federer por conseguir poseer el mejor palmarés mundial desde la era abierta del tenis, allá cuando al final de sus carreras toque hacer balance.

Pero el jugador serbio nunca ha sido capaz de digerir que sus dos rivales están muy por encima de él: en la admiración, el cariño y el apoyo que muestran los espectadores de todo el mundo, rendidos a las maneras de ser y estar del español y del suizo. Novak nunca ha entendido que, a pesar de ser un buen tipo fuera de las pistas, su comportamiento dentro de ellas no genera ni simpatía ni identificación en la mayoría de los espectadores.

Esa falta de carisma la ha intentado combatir el serbio de diversas maneras, con shows de imitación de sus rivales, o con actitudes poco entendibles, como el declarar recientemente su rechazo a las vacunas, declaración que tiene el agravante de hacerlo ostentando el cargo de presidente del Consejo de Jugadores de la ATP.

Promover un torneo con sedes en varios países balcánicos, sin atender a ningún protocolo de precaución en la situación actual de alerta todavía por los posibles rebrotes en Europa del coronavirus, denota un afán de protagonismo y una inmadurez y temeridad impropias de un número 1, y de un presidente que representa a los jugadores en la ATP.

Jugar con las gradas llenas, con actos multitudinarios, incluidas fiestas nocturnas, sin mascarillas, sin distancias de seguridad, ni ninguna medida de prevención, supuso para Djokovic un baño de masas y convertirse en el primer promotor de un torneo en disputarse en estas condiciones, desde la declaración de la pandemia en marzo. Todo ello consentido por los gobiernos de Serbia y Croacia.

Las consecuencias fueron que el circuito no pudo acabarse, con un rosario de análisis positivos iniciado por Dimitrov, al que siguieron los de Troicki, Coric, el propio Djokovic y su preparador físico entre otros.

Una temeridad insensata y carente de madurez la del serbio, cuya única consecuencia positiva es la confirmación de que hay que tomarse muy en serio este asunto, y ser inflexibles con las normas, para combatir un virus que ya ha acabado con la vida de cientos de miles de personas en todo el mundo.

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