I MEITIN BUJAN
SANTIAGO / LA VOZ

Llegó al río perfectamente equipado. Muy puntual, como en él es costumbre. Lleva pescando desde los ocho años, en el río desde los diecinueve. Pepe Casal es un enamorado de la pesca y como buen deportista nunca se desanima. «Siempre vengo con ganas y con mucho optimismo», comenta antes de iniciar la faena. Incluso en un día como el de ayer, en el que de antemano sabe que va a ser casi imposible pescar un reo. Aunque la jornada se de mal, subraya que «también con los años aprendes a disfrutar de la naturaleza».

Nada más salir de casa, ya sabía que el de ayer «no sería un buen día para la pesca, pues está muy claro y tanto el reo como la trucha se engañan mejor al amanecer o al anochecer. Hoy el día está muy bonito para pasear y sacar fotos», aclara Casal, que también apunta que «hay días que ya sabes que son muy buenos para esto, cuando hay un viento del sur, el día es un poco lluvioso y hace calor». La cita fue en el coto de reo de Noia, a más de 30 kilómetros de Santiago, con «un paisaje espectacular», nos muestra el protagonista en esta primera jornada de pesca en Galicia.

Apareció con dos cañas de lujo y dispuesto a aprovechar bien el tiempo. «Es un día atípico, porque no madrugué para poder hacer este reportaje. Pero quiero aprovechar bien la jornada. Por eso, la comida será algo que me llevará muy poco tiempo». Y en su mochila, Pepe Casal empezó a recorrer el río con dos latas de aceitunas, unas fresas y una botella pequeña de agua, bien fría. Será todo el alimento que llevar a la boca hasta las nueve o nueve y media de la noche.

«A los pescadores nos gusta madrugar aunque es cierto que yo ahora me lo tomo con un poquito más de calma, pues con los años ya me llega con una mañana o una tarde. Antes, mi jornada en el río era de siete de la mañana a nueve y media de la noche».

Dificultades

Comenzamos la ruta matinal con un sol de auténtico verano y con muchas dificultades. El confinamiento le hizo mucho daño al río y nos encontramos con varios contratiempos. «Este fin de semana vendremos diez socios a limpiar todos los caminos. Por ejemplo, estas escaleras casi ni se ven. Si dejas el río dos meses más así ya ni se verían. Y si pasan dos años, nadie sabría que existen. Por eso es muy importante el convenio que tenemos con Medio Ambiente para el cuidado de toda la zona», revela Casal.

Nos encontramos un árbol caído en el medio de nuestra caminata, dificultad que «deberá desaparecer en los próximos siete días», apunta Pepe Casal, quien conoce el río «como el salón de mi casa». Y nos avisa: «Si hay algún reo, estará en los sitios en los que voy a lanzar».

Pepe Casal estaba un poco enfadado porque se tardó en solucionar un conflicto que para él no tenía ni la más mínima duda: «El ministro de las mascarillas podría acercarse a este coto. Nos hemos encontrado con un solo pescador y seguramente a lo largo de la jornada no veremos a ninguno más. Unos vinieron de madrugada y otros lo harán por la tarde, porque es muy difícil que coincidamos todos. La pesca es una actividad con absoluta seguridad. Si hay un pescador, no se me ocurre lanzar a su lado. Ni ahora con el coronavirus ni nunca», denuncia.

Entrar en razón

Insiste en que «nos costó mucho que los gobernantes entrasen en razón. No tiene sentido que puedas tomarte una cerveza en una terraza con tus amigos y que no puedas venir a pescar al río. Hay más riesgo de contagio en el centro de Santiago o el paseo marítimo de A Coruña que aquí, en donde hay una garantía total. ¿Quién te va a contagiar si casi no hay gente pescando?».

Pepe Casal prefiere la pesca del reo: «Es un gran luchador, el príncipe del río. Un reo de tres kilos tira tanto o más que un salmón de cinco. Salta, pelea y es menos noble en la lucha que el salmón. Es muy difícil de engañar y muy difícil de sacar del río. Además, es un manjar exquisito, sería el número uno del ránking de mi restaurante», se atreve a decir.

Al mismo tiempo, lamenta que «no haya relevo generacional» en la pesca. En Galicia pasamos de 100.000 licencias a las 40 y pico mil del año pasado. «Los hábitos de la juventud cambiaron. Ahora están con las maquinitas y los ordenadores. Para los jóvenes no existe la naturaleza».

La pesca, «una gran actividad para ponerse en forma y seguir un buen régimen de adelgazamiento», no está en su mejor momento: «Bajó muchísimo esta actividad y son varios los motivos. Pero, sin duda, el más importante es que se pesca mucho menos ahora. Si hubiese las mismas truchas o reos de hace años, habría el mismo número de pescadores que en décadas pasadas», sentencia Casal, quien lamenta el furtivismo que ahora no se vigila.

«A todo o mundo se lle deu mal hoxe»

 «Botáronnos do río». Así resumía Xoán León, un vecino de Boiro, la jornada de pesca ayer por la mañana en Chelo (Coirós). «Gastei en cotos 80 euros e estou mirando», comentaba. A las diez de la mañana ya se formó un corrillo de una decena de pescadores, de los 30 que entraban en el cupo de este coto, que dejaban apesadumbrados la cañas en los coches. Lo hacían cerca de la señal con letras en rojo donde se lee: «Atención subida repentina do caudal no río». En esta ocasión sucedió lo contrario, cortaron, sin avisar, el agua para rellenar la balsa de la central del Zarzo. «A todo o mundo se lle deu mal hoxe», explicaba Luis Pan, vecino de Sada, y Carlos Pedreira, miembro de la directiva que gestiona este coto.

La mayoría llegaron allí con el orto, a las seis, aprovechando el primer día de pesca hábil. La caída del agua fue sobre las ocho y media. Casi al mismo tiempo que se capturó la única pieza de la mañana, un reo de 600 gramos que picó la rapala de un vecino de Betanzos. José Fernández, agente de medio ambiente, alababa, sin embargo, las calidades del río. «É un bo coto, ao que veñen de Asturias e ata de Bilbao pescar», comenta.

«Viñen a primeira hora da mañá, e as oito e pico pechouse a auga e está o río coma no mes de agosto, o normal sería que os primeiros días respectasen e deixasen o caudal», explicaba David Ferreño, vecino de Cambre.

Enrique Basavilbaso, que también se desplazó desde Boiro, se mostraba indignado. «Se fose por causa natural non pasaba nada. Que baixe 40 ou 50 centímetros o caudal é nefasto para a pesca», señaló contrariado. También lamenta que la Xunta permitiese pescar cuando no había posibilidad de cambiar de municipio. Explicaba, junto a un corrillo de más pescadores, que con esa decisión perdieron ya dos de los cinco salmones permitidos en el Ulla, que quedaron en manos de locales. Xoán León afeó la falta de atención de la Administración al estado de los cauces. «O problema non son os cotos, son os mil ríos desfeitos que temos e sen protexer, sen vixilancia. Con eses mil ríos poderías ter un paraíso, e temos que ir para fóra», sentenciaba. «A pesca fluvial é un caos», dijo.

Guardando siempre las distancias mínimas sanitarias

Eduardo Tarrío, Cuqui, lleva desde los 6 años pescando. Vecino de Fenteira, en el pontevedrés Pontecesures, vive pegado al límite con la coruñesa Padrón. Habituado a cruzar de río en río y de provincia en provincia con la naturalidad de quien sale a dar un paseo, a sus 39 años ha tenido que adaptarse a las extrañas formas de vivir a las que nos está obligando un coronavirus. En su caso, privándolo primero durante prácticamente dos meses de su gran afición, y ahora, obligándolo a disfrutarla al ralentí.  

Eduardo había ido a pescar el 8 y 9 de este mes, en esa semana extraña en la que los pescadores gallegos habían disfrutado de la libertad de una orden autonómica pronto anulada desde Madrid. «Pescara un par de troitiñas» en el Ulla a su paso por Pontecesures, nos cuenta. Ayer tarde aprovechó el primer día real del fin de la prohibición de la pesca fluvial para volver al mismo lugar, en una estampa en la que se aparecían otra media docena de tiradores de caña; eso sí, guardando escrupulosamente las distancias mínimas sanitarias.

Hablamos con Eduardo a media tarde, en un pequeño receso, tras más de dos horas de vuelta al agua sin suerte. «O río baixa algo lodado. Seica houbo un derrube de terra en Boqueixón, será por iso que non entra o peixe». A él, que tenía previsto continuar hasta primera hora de la noche, no le importaría sin embargo regresar de vacío a casa: «Con estar á beira do río chégame. Veño por gozar disto, non polo peixe».

En Lugo se esperaba «con moitas ganas» el primer día para lanzar las cañas sin riesgo de sanción. En el principal río de la provincia, el Miño, se concentraron cientos de pescadores a lo largo de toda la jornada y hubo quien ya estaba apostado en la orilla para cuando saliera el sol. Pepe Outeiro llegó a su punto en el coto de Castro de Rei a las 7.30. «A primeira hora algunha troita saía». Y tanto que salían. Solo 45 minutos después tenía en su cesto el cupo de cuatro truchas permitido. «Despois dediqueime á pescar sen morte», relata.

En Ourense las principales sociedades de pesca destacaron un buen nivel de capturas, si bien la afluencia se vio recortada al ser día laborable.

Pesca y caza, permitidas en toda la provincia y sin límite de horario

pablo penedo

La medida entra hoy en vigor para los deportistas de ambas disciplinas, que llevaban dos semanas clamando contra su «discriminación»

Interpretar la letra del Boletín Oficial del Estado nunca ha estado, por lo general, al alcance de una primera lectura para el común de los mortales. Y en tiempos de coronavirus la comprensión de las medidas adoptadas por el gobierno central suele generar cada día la intranquilidad de prácticamente todos aquellos colectivos o sectores afectados en cada una de las entregas del BOE. Una sensación experimentada por las gentes de la caza y la pesca deportiva con la publicación en la noche del sábado de la tan ansiada como esperada rectificación del ejecutivo de Pedro Sánchez, autorizando la práctica de ambos deportes una semana después de haberlos vetado expresamente en la misma publicación que convierte la palabra en norma. El BOE del 16 de mayo anunció que las actividades cinegética y la pesca deportiva y recreativa vuelven a estar permitidas en todas sus modalidades desde hoy. La cuestión es para quiénes y en qué horarios.

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En busca del príncipe del río