Rafa Nadal: «Cuando no se reconocen los errores, se deja de tener credibilidad»

El día que empuñó al fin una raqueta en casa de un amigo, el ganador de 19 «grand slams» repasa con La Voz su visión de la crisis del covid-19 y el horizonte del regreso del deporte

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«Si uno tiene 30 Grand Slam, pero ningún amigo, va a tener un futuro infeliz» Entrevista a Rafa Nadal

El 8 de marzo el tenis paró de forma abrupta. El torneo de Indian Wells, que ya anunciaba novedosas medidas higiénicas para evitar posibles contagios de covid-19, se canceló y abrió un paréntesis en el tenis profesional que todavía continúa hoy. Rafa Nadal (Manacor, 1986) rompió ese día una rutina de casi 1.200 partidos, sus 19 grand slams, 85 títulos en total (el último apenas unos días antes en Acapulco), voló a Mallorca y en la casa familiar de Porto Cristo vive el confinamiento. Primero, la preocupación le llevó a empaparse de tal volumen de información que terminó abatido; luego puso en marcha una iniciativa solidaria con Pau Gasol para ayudar a la Cruz Roja a recaudar 11 millones para su proyecto Cruz Roja Responde; y este lunes por fin regresó a la pista, para entrenar de forma aislada en casa de un amigo. «El sol va saliendo cada vez que cada día hay menos muertos, que yo salga a la pista, o no, tiene menos importancia para mí. Esta es la realidad que yo vivo. Que yo pueda entrenar o no no tiene menos importancia. Las cosas se tienen que hacer con coherencia», explica a través de una videollamada con La Voz de Galicia un gigante que combate la impaciencia por el regreso con partidas familiares de parchís.

—Ha sido su primer día de entrenamiento.

—He podido entrenar en una casa privada, porque a la academia no tengo muy claro si puedo ir. Así que preferí evitar la confusión e ir a entrenar a una casa privada de campo de un amigo, que tiene una pista y me la ha dejado. Por suerte parece que poco a poco vamos conteniendo este desastre. Desde ayer podemos salir a dar un paseo, algo tan simple que damos por hecho siempre pero que lo disfrutamos otra vez.

—Hace tres meses Bill Gates ya le avanzó a usted en Ciudad del Cabo la que se venía encima, durante su exhibición con Roger Federer.

—Fue una conversación privada que luego desgraciadamente mi tío publicó (ríe). Pero fue una conversación privada que tuve con este señor y tampoco me apetece hablar de ella. Él tiene un conocimiento de como funciona el mundo y yo me lo tomé como algo muy en serio. Hablamos y en un momento dado dijo «bueno, no sé si dentro de tres meses estaremos viajando o no». Fue lo único que me dijo. Me quedé pensando que estaría exagerando, pero la realidad es que desgraciadamente no estaba exagerando. Aquí estamos. Y la situación era y es complicada.

—¿Qué lectura hace usted de la crisis en España y en el mundo, como ciudadano?

—La gestión mundial de la crisis es la que es. No quiero valorarla. Desgraciadamente estamos en un momento en que está todo tan sensible que cualquier opinión se politiza. Y esto es un problema. Al final yo opino como ciudadano y me da igual si están gobernando izquierdas, derechas, centro, me da absolutamente igual. Cuando hablo no hablo pensando en política. Yo hablo como ciudadano, sin pensar si está gobernando el Partido Popular, el Partido Socialista, Ciudadanos, Podemos o Vox. Yo lo que quiero es que los que estén gobernando lo hagan de la mejor manera posible para todos. Para mí, para el que trabaja, para el empresario, para todos los sectores. Todos juntos formamos este país. Es una situación que si me preguntas cómo se ha gestionado, prefiero guardarme mi opinión, la tengo muy clara. He hablado con mucha gente, me he informado bien de todo, pero desgraciadamente es un momento muy sensible como para opinar. Se va a tomar todo de una manera y por ser quien soy no tengo la libertad... Es un poco triste, porque cualquiera puede decir cualquier cosa por las redes sociales, pero yo por ser quien soy parece que tengo menos opción de poder opinar. Pero es un momento de estar todos juntos, a una, arrimar el hombro. Es importante que acierten. Hay cosas que ya no tienen vuelta atrás. Ha habido equivocaciones. Lo siento, pero esto es justo decirlo, no es un tema político. Es evidente. Cuando hay tantos sanitarios contagiados, es evidente que ha habido equivocaciones ahí. No podemos decir otra cosa. Es humano reconocer los errores. La gente que reconoce los errores se acerca al pueblo. Todo el mundo entiende que los políticos se equivoquen. Es humano. Yo me equivoco a diario. Lo que me gusta menos es cuando no se reconocen los errores, porque se deja de tener credibilidad. Cuando se reconocen los errores, cuando te dicen otras cosas, pues tienen credibilidad, te están diciendo la verdad. Es ese tema. Si no, parece todo un poquito más oscuro. Pero es una situación complicada que nos ha sobrepasado a todos. Y viene un futuro difícil, para el que hay que esta todos unidos. Es un momento para que los mejores salgan adelante y los mejores tiren de los demás. Es importante que la meritocracia vuelva a este país. Hay que apoyar a la gente que tiene ganas de trabajar, ganas de emprender y no caparles. Hay que apoyar a todos los sectores. Si las empresas funcionan bien, habrá más trabajadores que no dependerán del Gobierno, y la economía española estará más sana. Estamos en un momento muy difícil.

—Ha habido muchos héroes, algo encomiable, pero es una desgracia que hayan tenido que ser héroes.

—Han tenido que ser héroes porque el momento requiere que sean héroes y ellos han respondido como se espera de ellos y más aún si cabe de lo que se esperaba de ellos. Tanto los sanitarios como la policía nacional, el ejército, la guardia civil, la policía municipal... Todo el mundo ha contribuido a que un estado tan difícil como el que vivimos se lleve de una manera cívica, de una manera correcta, y tanto sufrimiento se sepa llevar de una manera discreta y coherente. Es lo que pienso. Hemos llegado tarde. Hay muchos países que han llegado tarde, no tenemos la exclusiva de eso. Hay otros que lo han hecho bien. Nuestros vecinos, según parece, la han clavado, Portugal por suerte la ha clavado y tendrá menos problemas y ha perdido menos vidas, que al final es lo más importante. Supongo que la recuperación económica y social también será allí un pelín menos complicada. Aunque llegar tarde a lo que afecta es al tema sanitario, salvar vidas. A nivel económico en una situación global como esta la situación es caótica para muchos sectores. Al final el turismo está parado, aunque hubiéramos llegado pronto, hay otras situaciones económicas que nos hubieran golpeado igualmente. Pero llevamos una moral más desgastada por todas las pérdidas.

—Lo que sí es claro es que la ciudadanía ha estado por encima de la clase política.

—Lo que hemos hecho ha sido obedecer. Hemos estado donde teníamos que estar. Hemos obedecido lo que nos han mandado. Es nuestro deber en este sentido. Cuando pase todo esto la ciudadanía podrá valorar lo que les ha gustado, lo que no, lo que hay que mejorar, mantener o cambiar. La ciudadanía se ha comportado de forma responsable, coherente. Debemos tener un sentido de estado, de país. El país nos necesitaba en casa y los sanitarios tenían que estar trabajando más que nunca. Todos hemos cumplimos con nuestro papel.

«En lo importante sigo siendo el chico que ganó en Vigo en el 2002»

Hubo un tiempo en que la rutina de Rafa Nadal incluía pasar por un chiringuito de chucherías en la playa de O Bao, en Vigo. Una época en la que no le rodeaba una asfixiante expectación, por lo que podía irse tranquilo al hotel después de un partido. Sucedió en el verano del 2002 en el Club de Campo de Vigo, donde ganó su segundo título future —el tercer escalafón de la ATP—, el primero tras una remontada que convirtió en marca de la casa. Derrotó en la final al argentino Antonio Pastorino en uno de esos partidos interminables que la falta de luz obligó a prolongar hasta un segundo día. En Galicia impulsó una irrupción meteórica, de una carrera luego salpicada de contratiempos y épicas reapariciones, provocadas por las lesiones en el 2012, por la crisis psicológica y su ansiedad del 2015... Ahora se enfrenta a una pandemia y el confinamiento.

—Si le doy un nombre, el de Antonio Pastorino, ¿a qué ciudad viaja en el tiempo?

—A Vigo, al Future del... 2002. ¿Sería?

—Así es. ¿Qué mantiene de aquel chico que ganó en Vigo su segundo Future?

—Con los años todo el mundo evoluciona, todo el mundo cambia, yo esa energía no la tengo. La tenía en aquel momento. Quizá ese desparpajo o naturalidad los pierdes un poco. Cuando eres joven tienes menos miedo a todo. Quizá en el 2002 si hubiera opinado que el gobierno lo ha hecho fenomenal, te lo diría, o si pensara que lo ha hecho fatal, lo diría, lo están haciendo fatal. Eres joven. A día de hoy sabes que tus palabras tienen un impacto y tienes que ir con cuidado. Pero la base de mi vida no ha cambiado. Sigo viviendo en el mismo pueblo, sigo teniendo los mismos amigos, mi vida y mis hobbys no han cambiado. Creo que en lo más importante sigo siendo el mismo, sí.

—Hace unos días en un directo en las redes sociales hablaba de paternidad con Andy Murray. ¿Cómo le gustaría ser recordado en el futuro en el tenis, el mensaje que le llegue a su futura familia?

—Como alguien buena gente, más que nada. Confío en irme del tenis dejando una impresión de ser una persona normal, cercana y buena gente. Y que las personas que hayan trabajado conmigo durante todos estos años en el circuito, tengan un recuerdo positivo de mí como ser humano, no como tenista. Una cosa es ser humilde y otra ser tonto. El recuerdo como tenista lo van a tener porque he conseguido cosas especiales. Pero lo más importante para mí son las relaciones personales, mucho más allá de cualquier recuerdo deportivo que uno pueda tener. La carrera deportiva pasa, y las relaciones personales perduran en el tiempo y te ayudan a ser feliz. No hay nada más importante en esta vida. Si uno tiene 30 grand slams, pero no tiene amigos, va a tener un futuro infeliz. Es mejor tener cero grand slams, ir a trabajar cada día a cualquier lugar con un sueldo mensual discreto y tener buena relación y buenas compañías. Esto te da la felicidad más que ningún dinero que puedas tener o cualquier logro que puedas conseguir. Lo tengo muy muy claro.

—Con 33 años y un cuerpo tan llevado al límite tantas veces, entiende que este parón le pueda perjudicar más que a otros.

—No. Más que a otros no. Creo que me va a afectar igual que a los compañeros que tienen una edad y un cuerpo desgastado como el mío. Requerirá otra vez de un gran esfuerzo, disciplina y voluntad para volver a estar listos al 100%. Yo confío en tener todas esas virtudes para aspirar a competir al más alto nivel.

—Será raro verle en otoño en París, esta vez.

—Yo creo que no me verás, pero ojalá sea así. Creo que no vamos a jugar este año. Ojalá me equivoque.

—Federer, Djokovic y usted viven la carrera histórica por ver quién alcanza más «grand slams». Roger tiene más, pero ustedes son más jóvenes, ¿ve un favorito a largo plazo en esa pelea?

—Lo veremos. Yo no soy de pensar mucho esas cosas. ¡Claro que me gustaría terminar la carrera como el jugador con más grand slams! Pero ni me obsesiona ni es un gran objetivo para mí. Yo hago mi carrera y no estoy preocupado por si el que vive a mi lado tiene una casa más grande que la mía, tiene un coche mejor o cobra un poco más al mes. Uno tiene que estar satisfecho con lo que uno hace. Y esto es lo que yo hago durante toda mi carrera. Y estoy muy satisfecho. Y cuando termine si Federer o Djokovic tienen más grand slams, no creo que dentro de 10 años me vaya a cambiar mi felicidad.

«Si nos obligan a ponernos la vacuna para jugar, Djokovic se la tendrá que poner»

—En unos meses podría haber una vacuna. ¿En ese escenario es partidario de hacerla obligatoria para competir? Djokovic ha sorprendido con alguna duda.

—No lo sé. Yo no soy nadie. Nadie puede exigir a nadie. Cada uno es libre, pero si perteneces a un circuito, quizá uno tenga que estar regido por las normas que exija el circuito, si obliga a vacunarse para protegerse a todos, pues Djokovic se tendrá que vacunar si quiere seguir jugando al tenis al máximo nivel, o yo. Cada cual tendrá que cumplir. Si la ATP o la ITF nos obliga a ponernos una vacuna para jugar al tenis, pues nos la tendremos que poner. Igual que tenemos restricciones de no tomar muchísimos medicamentos por cuestiones obvias de controles antidopaje. Es un tema de cumplir las reglas.

—Cuando se aplaza Roland Garros, se cancela Wimbledon, se cancelan grandes eventos de golf, ¿llega a pensar que esto puede acabar con su carrera?

—No. Y ni me lo planteo. Estaban muriendo en España cada día 800 o 900 personas. Llega un momento en que Roland Garros, Wimbledon, US Open... en mi cabeza no están. Había otras preocupaciones. Cuando el deporte pueda, volverá. Hay otras prioridades. Esto nos ha quitado a todos un año de nuestra carrera deportiva. A otros nos lo han quitado las lesiones. A alguien con 33 o 34 años, o con 38 como Roger, no es lo mismo que para otro que tiene 21. Es un año igual, pero a nivel sentimental, de valor general... Un jugador con 21, no sé. Si me hubiera pasado esto con 21 años, habría pensado qué desastre, pero tienes toda la carrera por delante. A una edad avanzada te quitan opciones de ganar títulos importantes para la historia de cada uno. Y más allá de títulos, te han quitado la felicidad de seguir haciendo lo que te gusta, pero ha sido para todos, no solo para los tenistas. Para cualquier persona, los planes de viajes, de hacer una cosa u otra. Hay que ser responsables y pensar en lo que de verdad importa.

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