Argentina, rival de España en cuartos de final de la Copa Davis

España se ha medido ante el equipo argentino de Copa Davis cuatro veces, con dos finales recientes, incluida la heroicidad de Feliciano y Verdasco en una eliminatoria con todo en contra en el 2008


colpisa

España y Argentina se vuelven a ver las caras en la Copa Davis. Será la cuarta vez que ambos países crucen sus caminos en la longeva historia de la competición de tenis entre selecciones nacionales por excelencia, pero dos citas brillan con luz propia en la trayectoria reciente del equipo español. La última de ellas fue en Sevilla entre el 2 y el 4 de diciembre del 2011, en el estadio olímpico de La Cartuja de Sevilla, en una final que supuso la quinta y hasta la fecha última ensaladera de la historia del tenis español.

Tres años antes, mismos protagonistas y otra final, pero en circunstancias totalmente diferentes. A España, que había dejado en el camino a Perú y Alemania a domicilio y a Estados Unidos en una eliminatoria de semifinales disputada en Madrid, le tocaba rendir visita a Argentina y la albiceleste, en busca de su primer título de Davis, preparó una auténtica encerrona en Mar del Plata. «Vamos a sacarle los calzones del orto», llegó a decir Del Potro sobre la costumbre de Rafa Nadal de ajustarse los pantalones entre punto y punto.

Todo estaba preparado para hacer la vida imposible al balear, incluso la pista rápida, pero por si hacer frente al ambiente apasionado del Polideportivo Islas Malvinas y al potente equipo argentino, integrado por tenistas de la talla de Juan Martín del Potro o David Nalbandian, fuese poco, a escasas dos semanas de la gran final, el número uno español se cayó de la cita por sus molestias en la rodilla. «No es que yo haya dicho no, es que la rodilla ha dicho no. No me siento preparado para enfocar una final como esta. Es un dolor nuevo que no puedo controlar», explicó con cara de circunstancias Nadal, campeón ya por entonces de cinco Grand Slams y sin lugar a dudas el jugador franquicia español.

Todo estaba en contra, incluso las dudas sobre el entonces capitán español, Emilio Sánchez Vicario, al que los jugadores no veían como la mejor opción, que vivía enfrentado al por entonces presidente de la Federación Española de Tenis, Pedro Muñoz, y que para la trascendental cita eligió a David Ferrer, Fernando Verdasco, Feliciano López y Marcel Granollers. «Nos hizo daño que la gente no confiara en nosotros», reconoció mucho tiempo después Verdasco, que da con sus palabras una de las claves de lo que luego ocurriría en Mar del Plata, donde el en teoría inferior equipo español sacó todo el coraje imaginable para sobreponerse a la adversidad.

Tampoco el ambiente alrededor del equipo argentino era el idóneo, pues la elección de la sede por posibles intereses económicos en el entorno de Del Potro frente a la predilección de Nalbandian por jugar la final en Córdoba generó una disputa entre los dos grandes pilares argentinos. En cualquier caso, Argentina se plantó en la final con la sensación tramposa de que era un trámite.

El inicio de la serie no despejó las dudas sobre el equipo español, pues Ferrer, su número uno, sucumbió con claridad ante Nalbandian por 6-3, 6-2 y 6-3. «No llegué en el mejor momento, más que tenísticamente, a nivel personal», reconoció el alicantino, que también desveló que se hundió psicológicamente tras aquel revés.

Una remontada increíble Con la final ya en contra, toda la responsabilidad recaía en Feliciano y Verdasco, con sendos partidos individuales y el duelo de dobles. La misión de Feliciano, evitar que la primera jornada concluyese con un 2-0 casi definitivo sorprendiendo a Del Potro. Tras perder el primer set por 6-4, el toledano comenzó a crecerse ante la sensación de no dejar marchar a su rival. Con los gritos de un público enfervorecido en contra, transformó tanta hostilidad en motivación para remontar en los siguientes tres sets con 6-7 (2), 6-7 (4) y 3-6 y el miedo cambió de bando, pues Del Potro salió mentalmente de la final.

El empate a uno tras el primer día cambió los planes del capitán argentino, Alberto Mancini, que metió a Nalbandian en el dobles en lugar de José Acasuso, junto a Agustín Calleri. De nuevo Feliciano, esta vez acompañado de Verdasco. A pesar de ceder el primer set por 6-4, la pareja española, una apuesta fuerte de Emilio Sánchez Vicario, bordó el tenis pese a las provocaciones e insultos que por momentos sacaron a Verdasco del duelo, y acabó imponiéndose en los tres siguientes parciales por 5-7, 6-7 (5) y 3-6.

Ultima y definitiva jornada de domingo y España por delante, con Argentina contra las cuerdas y herida en su orgullo. Aunque el emparejamiento previsto para el cuarto partido de la final era Del Potro-Ferrer, el estado anímico del alicantino fue decisivo para que Emilio Sánchez Vicario acabase decantándose por Verdasco. Mancini, por su parte, escogió a Acasuso y no a Del Potro por las molestias de éste último.

La «oportunidad única» de Verdasco «Era una oportunidad única», recuerda Verdasco. Toda la ilusión del español era responsabilidad para el inesperado Acasuso, que debutaba en la final y se encontró con una mochila demasiado pesada a las espaldas. El madrileño se puso por delante en el primer set con un 3-6, pero la situación se volvió en contra en el segundo y tercer parcial con un 7-6 (3) y un 6-4 que ponían el partido muy cuesta arriba. Verdasco se recluyó en el vestuario, donde el capitán español y Feliciano le cambiaron la perspectiva. «Básicamente, échale huevos», desveló Feliciano sobre el consejo que le dio a su compañero. «Si perdía tenía una papeleta complicada ante Nalbandian», recordó entre risas.

La arenga pareció surtir efecto, pues Verdasco se fue metiendo en el partido. «Me metí en una burbuja y dejé de escuchar a la gente», rememora. Con el cuarto set en el bolsillo después de un 3-6, Acasuso se vino abajo como un castillo de naipes, víctima de la presión y de los calambres. El español pasó por encima del argentino con un 1-6 en el quinto set que le dio el partido y con ello la eliminatoria y el cuarto título español en la historia centenaria de la Copa Davis.

Ahora, una década después, será Argentina la que compita lejos del calor del hogar, pero la historia dicta que eso no debe ser sinónimo de confianzas innecesa

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