Míriam Ríos, capitana del Deportivo: «El fútbol me debía otra oportunidad»

Profetizó hace un cuarto de siglo su ascenso a la Liga profesional y ahora ve su futuro rodeada de niños y balones


La Voz

La afonía le delata. Aunque una lesión le alejó dos mil kilómetros del partido en el que su Dépor certificó el ascenso a la Liga Iberdrola, la capitana Míriam Ríos (A Coruña, 1987) vivió el momento con toda intensidad. «También tuve que elevar la voz para captar la atención de los niños al día siguiente», matiza, a modo de coartada, esta estudiante de Educación Infantil.

-¿Aún con el subidón?

-Todavía no lo asimilé. Es muy grande. Soñaba con ello, pero no sabía si se cumpliría.

-Tópica respuesta...

-¡En serio! No me acordaba, pero con 7 años le dije a mi madre: «Voy a jugar con el Dépor en Primera».

-Pero si no había ni equipo...

-Por eso me dijo: «Sí, vale...».

-Así que ni pensó en irse.

-Tuve oportunidades, pero llegaron en momentos complicados con las lesiones [tres operaciones de rodilla, extracción del menisco externo y dos temporadas sin jugar es su calvario] y sabía que lo pasaría mal. No quise arriesgar. Pero también sabía que el fútbol me debía otra oportunidad.

-¿Esa rodilla le perseguirá cuando se retire?

-Ya sé que tendré que usar prótesis, pero ¿qué hago? ¿Me quedo en casa y no disfruto de estas cosas? Pues no.

-Tampoco optó por el fútbol sala.

-Era, y soy, muy rápida y se me quedaba corta la cancha. Aparte, prefería jugar al aire libre y no encerrada. A pesar de ello, lo disfruté muchísimo. Y mis primeros ascensos fueron con el Amarelle y el Orzán.

-Siempre hizo deporte.

-De todo tipo. Hasta jugué un Nacional juvenil de sóftbol, con Laura Paz, otra deportista multifacética.

-¿Y por qué no estudió INEF?

-Porque no me gusta. Y siempre trabajé con niños. De pequeña, quería ser policía. En realidad, inspectora. Iba a preparar oposiciones, pero me caí en una práctica de moto y le cogí manía.

-¿Hay más intensidad en el deporte de élite o en un comedor escolar?

-Hay mucho trabajo detrás de ambos, pero lo hago con gusto. Hubo un momento que decidí no ver más fútbol en la tele, para no saturarme. Los niños no me saturan. Es cuestión de organizar la agenda. Y si puedo, ayudo a los que tienen diversidad funcional o riesgo de exclusión social. Te devuelven treinta mil veces más de lo que les das. Ver sus avances... no es trabajo, es pasión.

-¿Míriam: futbolista o educadora?

-Futbolista. Con tres años ya andaba con balones, me castigaban por fugarme a ver jugar a los mayores. Y, sin permiso de mi madre, me fui a la Torre y le dije al conserje: «Recomiéndame un equipo». Y me llevó con Amancio, al Deportivo Ciudad. Yo intentaba estudiar, pero no me gustaba. Ahora estudio lo que no estudié antes. Hice lo que pude...

-Es entrenadora y fue árbitra.

-Pité del 2002 al 2011. A veces pienso: «Qué complicado lo tenía una mujer antes...». Lo pasé muchas veces mal. Me pegaron, me escupieron, me amenazaron, la policía me tuvo que escoltar hasta la autopista...

-¿Por qué soportó eso?

-Yo tenía 13 años, pero también mucho carácter y personalidad. Creían que podían influirme...

-¿Qué le decía su madre?

-No venía a verme arbitrar. Y menos mal. Tampoco se lo decía al llegar a casa. Paso de esas situaciones. Respondo en el campo. Es más, doy las gracias a todos los que me pusieron trabas...

-¿Qué le pasa al fútbol que genera delincuentes de ese tipo?

-Hay pasiones que se desmadran y son incontrolables, descargan su ira. No entienden que sin árbitros no hay fútbol.

-No hemos avanzado nada en contra el machismo. Decimos que sí, pero hay premios femeninos que son vibradores...

-Y lo que no se sabe... Pero sí pienso que avanzamos y cada vez se exponen más estos casos. Me da pena que yo ya no viviré la normalidad.

-Pues no como jugadora...

-También pienso que seré entrenadora del Deportivo cuando gane la Liga Iberdrola, je, je.

-Segunda profecía de Míriam...

-Pero aún me queda mucho. Y al Dépor. No pasará como con el Olivo. La apuesta es muy fuerte y nació para quedarse.

-Usted lo vio nacer. Jugaba en el Orzán con Manu de entrenador. ¿Le dijo «llévame al Dépor»?

-No. Me empezó a entrenar en el 2008. Empezábamos los dos y mira dónde hemos llegado. Pero esos meses estábamos muy centrados en salvar la categoría con el Orzán, para que el convenio se hiciese efectivo.

-¿Y no le daba vueltas a la cabeza?

-Un poco sí, pero nunca le dije nada. Yo pensaba que me iban a querer. Con mi trayectoria, no iba a decantar la balanza en dos meses.

-¿Cómo vivió el ascenso alejada?

-En un bar con una peña del Dépor con el que tengo una estrecha relación. Éramos 25. Íbamos 1-6 en el global y me estaba mordiendo las uñas. Acabó y me puse a llorar. Todo el rato.

-La agenda de Míriam Ríos no permite muchos alardes en cuestiones de ocio.¿Qué se le da fatal?

-La ortografía. Soy muy de números. Eso sí se me da bien. Las matemáticas, el cálculo mental. Me gusta. También se me dan bien los deportes, por muy diferentes que sean.

-¿Cocina?

-Cuando tengo ganas y tiempo. La tortilla de patatas estilo Betanzos me sale genial. Hay más platos. Me atrevo con todo.

-¿Es manitas?

-Soy de las que instalan todo sin leer las instrucciones. Me digo: «A ver si mi cabeza funciona bien».

-¿Viaja?

-Me encantaría. Pero, o no tengo dinero, o no tengo tiempo, o ninguno de los dos. Lo haré. Además, ya no me acuerdo la última vez que tuve vacaciones.

-¿Qué cultura consume?

-El universo Harry Potter me gusta. No tengo mucho tiempo para ver series o leer. Música, sobre todo. La pongo para ir a trabajar cuando me levanto a las 6.30 horas. En ese caso, tecno, para espabilar.

-¿Es remolona?

-Al contrario. A veces me levanto antes de que suene el despertador. Pero necesito mucho tiempo para que mi cuerpo despierte. Desayuno con calma, aunque no en abundancia.

-Como entrenadora, ¿qué es lo que más valora?

-Juego con niñas a las que he entrenado (Carlota, Lara...) y saben que la honestidad y la actitud. Dejé fuera jugadoras muy buenas técnicamente solo por su actitud.

-¿Y fuera del banquillo?

-La familia. Si fuese necesario, dejaría el fútbol por ella.

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